El libro de la almohada, de Sei Shonagon




Hace varias semanas hablé aquí de The pillow book, la película de Peter Greenaway, cuya trama gira en torno a un libro, una especie de diario íntimo (ese es precisamente el título de la película en castellano, El diario íntimo) escrito por Sei Shonagon. Entonces creí que Sei Shonagon era una invención de Greenaway, una especie de excusa argumental, hasta que descubrí que esa autora existió de verdad y que escribió El libro de la almohada alrededor del año 994.
Por supuesto, lo compré.
Sé que no es muy frecuente hablar de un libro antes de haberlo leído, pero en este caso me ha bastado con leer el prólogo, ágil, conciso, bello, de María Kodama para que me apeteciera escribir sobre él.
Kodama tradujo la obra junto a su marido, J.L. Borges. En este prólogo habla de la fascinación que Borges sentía por la literatura japonesa (y por otras dos que, curiosamente, también surgieron en una isla: la inglesa y la islandesa) y de la pena que sentía por tener que acceder a ella a través de traducciones. A pesar de ello, no quiso que nuestro idioma se quedara sin una traducción castellana de esta obra que él tanto admiraba.
El libro de Sei Shonagon, cuenta Kodama, está compuesto por anotaciones diarias, descripciones de la vida en la corte (ella fue dama de la emperatriz Sadako) y listas, hasta ciento sesenta y cuatro listas de aquello que amaba, aquello que odiaba o aquello que, simplemente, llamaba su atención, como insectos o plantas. Escribir este tipo de diarios, de cuadernos de almohada (llamados así por la costumbre japonesa de guardarlos en las almohadas, que solían ser huecas), parece que era un hábito muy extendido en Japón (ignoro si lo sigue siendo).
María Kodama advierte que el libro de Sei Shonagon es estructuralmente complejo, lo que se puede deber a las continuas reorganizaciones que los diferentes estudiosos del mismo han realizado al cabo de los siglos, porque este libro está considerado una obra maestra en Japón y a Sei Shonagon como la representante literaria más destacada del periodo Heian (el que va del año 794 al 1185).
Además del prólogo, apenas he leído dieciocho páginas, pero en ellas se puede percibir esa personalidad aguda, observadora y sensible a la belleza del mundo y el destino de las cosas de la que habla Kodama con admiración.
Os contaré el resto cuando termine de leerlo.

 

posted by Ainhoa on 6:15 p. m. under

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Estaré atenta al resto que mencionas. :)

Saludos.

Ainhoa dijo...

Una vez me dijeron que era muy feo firmar como anónimo, pero gracias por la visita de todas formas :-)
Un saludo.

Anónimo dijo...

Firmo como anónimo para evitar que se asocie mi nick con alguien muy favorable o muy desfavorable. Mi deseo es que se centren en la idea y no en la persona...

Te visito a menudo y aprendo mucho de ti y tus recomendaciones.

Gracias,
B. :)

Ainhoa dijo...

De acuerdo, respeto tus razones. Supongo que el nombre no es tan importante; me importa más que sigas pasándote por aquí y dejando algún comentario de vez en cuando.
Saludos.

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