Plata Quemada - Ricardo Piglia







"En la cárcel me hice puto, drogadicto, me hice chorro, peronista, timbero, aprendí a pelear a traición, a partir la nariz de un cabezazo a tipos que si los mirás torcido te rompen el alma, aprendí a llevar una púa escondida entre los huevos, a meterme las bolsitas de la merca en el ojo del culo, me leí todos los libros de historia de la biblioteca, porque no sabía qué hacer, me podés preguntar quién ganó la batalla que se te cante en el año que quieras y yo te lo digo, porque en la cárcel no tenés un pomo que hacer y entonces leés, mirás el aire, te aturde el ruido que hacen los grasas ahí encerrados, te envenenás, te llenás de veneno como si lo respiraras, escuchás a los bonchas contar siempre las mismas boludeces, pensás que es jueves y en realidad recién es el lunes a la tarde, yo aprendí a jugar al ajedrez, aprendí a hacer cinturones con el papel plateado de los cigarrillos, aprendí a cogerme a mi novia de parado en el patio, en el horario de las visitas, en una especie de carpita hecha con una sábana, en un costado, los otros internos te ayudan, si ellos también están con la señora y los pibes y se tienen que esconder para echarse un polvo, las minas son de fierro, se bajan los calzones, se te sientan encima, mientras los guanacos te espían, te gozan, se ríen de lo boludo y lo caliente que está uno, hombres grandes que no pueden coger, porque para eso te encanan, para que no puedas garchar, por eso te llenás de veneno, te tienen en una heladera, te meten en una jaula llena de machos y nadie puede coger, vos querés y te verduguean, o peor, te hacen sentir un mendigo, un croto, terminás hablando solo, viendo visiones (y Gaucho lo dejaba hablar, le decía que sí, a veces incluso le agarraba la mano, en la oscuridad, los dos despiertos, fumando, boca arriba, en la cama, en alguna pieza, en algún hotel, en algún pueblo de la provincia, escondidos, guardados, los mellizos tomados de la mano, rajando de la taquería, con la pistola en el piso envuelta en una toalla, el auto escondido entre los árboles, parando un poco la marcha, tratando de descansar y de calmarse, dejar de rajar por lo menos una noche, dormir en una cama). Y el Nene se alucinaba, ahí había aprendido a sentir el veneno de los valerios que lo verdugueaban porque sí, porque era joven, porque era lindo, porque tenías un gorompo más grande que el de ellos (decía el Nene), aprendía a guardarme el odio adentro, terrible la vena, como un fuego, el odio es lo que te mantiene vivo, te pasás la noche sin poder dormir, en la jaula, mirando la lamparita en el pecho, que titila, débil, medio amarilla, prendida las veinticuatro horas para que te puedan espiar, para obligarte a tener las manos afuera de las cobijas y que no te hagas la muñeca, pasa un valerio y levanta la mirilla y te ve ahí, despierto, pensando. Aprendés sobre todo a pensar cuando estás en la gayola, un preso es por definición un tipo que se pasa el día pensando. ¿Te acordás, Gaucho? Vivís en la cabeza, te metés ahí, te hacés otra vida, adentro de la sabiola, vas, venís, en la mente, como si tuvieras una pantalla, una tele personal, la metés en el canal tuyo y proyectás la vida que podrías estar viviendo o ¿no es así, hermanito?, te hacen de goma, te metés para adentro y viajás, con un poco de droga que consigas, chau, estás en otra, te tomás un taxi, bajás en la esquina de la casa de tu vieja, entrás en el bar de Rivadavia y Medrano a mirar por la ventana a los tipos que baldean la vereda, cualquier gansada. Una vez estuve como tres días haciendo una casa, te juro, empecé con los cimientos y la fui haciendo, de memoria, la casa, los pisos, las paredes, las escaleras, el techo, los muebles. Después que la terminás de hacer, le ponés una bomba y la hacés explotar, todo el tiempo pensás que los tipos quieren volverte loco. Que están para eso. Y te vuelven loco, tarde o temprano. Si estás todo el tiempo pensando. Tuviste tantas ideas al final del día y tan poco movimiento que sos, no sé, como esos tipos que se subían a una montaña y se ponían a meditar seis, siete años, ¿no?, los eremitas, se llamaban, en una cueva, los tipos, piensan en Dios, en María Santísima, hacen promesas, no comen, son como uno cuando está en cana, tantos pensamientos y tan poca experiencia real, que al final sos como un cráneo, como una maceta, con una planta, los pensamientos se te arrastran como gusanos en la bosta. Si yo te contara las cosas que pensé estando en cafúa habría para hablar, no sé, la misma cantidad de tiempo que estuve preso."

 

posted by Ainhoa on 7:39 p. m. under

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Rufus Wainwright - Going to a town (official)

I´m going to a town that has already been burnt down.* I´m going to a place that has already been disgraced.* I´ m gonna see some folks who have already been let down.* I´m so tired of America.* I´m gonna make it up for all of the Sunday Times.* I´m gonna make it up for all of the nursery rhymes.* That never really seem to want to tell the truth.* I´m so tired of you America.* Making my own way home.* Ain´t gonna be alone.* I got a life to lead.* America.* I got a life to lead.* Tell me. Do you really think you go to hell for having loved?.* Tell me. And not for thinking that everything you´ve done is good?* I really need to know.* After soaking the body of Jesus Christ in blood.* I´m so tired of America.* I really need to know.* I may just never see you again or might as well.* You took advantage of a world that loved you well.* I´m going to a town that has already been burnt down.* I´m so tired of you America.* Making my own way home.* Ain´t gonna be alone.* I got a life to live.* America.* I got a life to lead.* I got a soul to feed.* I got a dream to heed.* And that´s all I need. * Making my own way home.* Ain´t gonna be alone.* I´m going to a town that has already been burnt down.

 

posted by Ainhoa on 12:21 p. m.

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Hevel, Quintett, White Darkness - Compañía Nacional de Danza


HEVEL

Nos dicen en el programa que en la antigua poesía hebrea, la palabra "hevel" formaba parte del repertorio de imágenes, que como "agua", "sombra" o "humo" servían para describir la fragilidad y el carácter efímero de la condición humana. También que su uso más destacado se encuentra en el Eclesiastés, donde "hevel" quedó fijado en la versión de la Vulgata como "vanitas". En traducciones modernas aparece como "vacío", incluso "desperdicio". Será en su uso como vanitas, como nada, lapso o vacío, nos advierten, donde "hevel" tiene su sentido en esta coreografía original de Nacho Duato.
El escenario en penumbra. Un gigantesco artefacto metálico articulado, a modo de panel solar que no recogerá ninguna luz, sirve de escondrijo a unos bailarines que se retuercen, que gimen y convulsionan, que se esconden, que caen derrotados pero vuelven a levantarse para continuar con esa lucha infinita por la supervivencia en un mundo hastiado que a fin de cuentas no parece merecer demasiado la pena. Y todo este sinsentido brutal agudizado por una música que se reduce a sonidos estridentes que ponen los nervios de punta y a una serie de golpes esporádicos y rotundos que te obligan a permanecer alerta en todo momento. El vestuario, una segunda piel negra manchada de un rojo sangre desvaído.
Y todo ello combinado, el reflejo terrorífico del vacío existencial.

QUINTETT

Quintett es una coreografía que William Forsythe ideó en colaboración con Dana Caspersen, Stephen Galloway, Jacopo Godani, Thomas McManus y Jone San Martín, estrenada por el Ballet de Frankfurt en 1993.
Es una pieza más optimista que la anterior. En este caso predomina el blanco sobre el escenario y el vestuario de los bailarines tiene colores más alegres (verde, naranja, fucsia, azul...).
Como cinco niños que acaban de conocerse y que sienten curiosidad por el otro, juegan al son de una canción de Gavin Bryars que se repite sin cesar hasta el final. Suben y bajan escaleras, se persiguen, se tocan, se pelean, se reconcilian, bromean, retan, sonríen, todo con movimientos que parecen ir más allá de las posibilidades del cuerpo humano. Un caos perfecto.

WHITE DARKNESS

Nacho Duato hace en esta creación "una reflexión abierta sobre el mundo de las drogas y el efecto que éstas pueden ejercer en nuestro comportamiento social, en nuestras vidas".
White Darkness tiene un aire más clásico en sus movimientos, con momentos brillantes de plasticidad y un dinamismo vertiginoso en las partes grupales, mientras que los momentos en que sobre el escenario baila sola la pareja principal tienen una gran intesidad dramática, angustiosa a veces, porque él quiere salvarla y ella no se deja y huye, o trata de hacerlo a través de pasos tan hermosos como desesperados, solo para que él vuelva a contenerla de nuevo entre sus brazos, hasta que al final, una cascada de polvo blanco cae sobre ella, sepultándola poco a poco, ante la mirada impotente de él.




 

posted by Ainhoa on 12:05 p. m. under

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Porque lo prometido es deuda...




Os dije que iba a hablar de ello y aquí estoy, dispuesta a hacer un breve resumen (cualquier otra cosa requeriría un esfuerzo demasiado intenso y me temo que el resultado os podría parecer aburrido, ya que las obsesiones ajenas, igual que el relato detallado de los sueños de otro, no suelen despertar un interés duradero) del recorrido por las entrañas de esas cinco canciones maravillosamente imperfectas que componen el álbum AWII, de Ataxia.

Abre con Attention: un platillo, unos golpes de batería inquietantes, el sonido rotundo del bajo de Joe Lally y por fin, la guitarra y la voz metálica (y sorprendente, en este caso por lo segura) de John Frusciante, y yo un poquito más cerca de la felicidad, absoluta y perturbadora, de esa que no se puede soportar durante demasiado tiempo, porque una corre el peligro de descomponerse en piezas diminutas que nunca más será capaz de juntar, y eso siempre da un poco de miedo.

Union, otra vez el bajo poderoso de Joe Lally pero la voz de Frusciante aquí es vertiginosa, más amable, aunque un poquito triste también y entonces me sobreviene el deseo de un abrazo, especialmente durante el solo de guitarra, en el que se cuelan unos lamentos que se retuercen y se hacen añicos, quizá por esa chica que dice que conoce y que está a punto de morir. No lo sé, porque el resto son fogonazos de inspiración, versos inconexos, advertencias y reproches distorsionados por un sintetizador.

Hands, es eso, manos aplaudiendo, llevando el ritmo invariable y angustioso de una canción que habla de manos una y otra vez, manos que se mueven y golpean dos veces el mundo, allí, en la luz majestuosa, y nos dominan y hacen planes por nosotros because we´re meant to be unplayed (¡qué miedo!). Ten por seguro que si buscas refugio en los bosques, a mí me gustaría ir contigo.

The soldier me resulta demasiado familiar al principio; me recuerda a The Doors, lo que no interpreto como una mala señal, ni mucho menos, pero me alegra que poco a poco se vaya introduciendo en esos caminos oscuros e inquietantes en los que Frusciante se suele perder, y yo con él, durante diez minutos exactos, en sus graves y sus agudos, en su voz a veces forzada, a veces deformada, en la que distingo ecos de guerras, fantasmas y oraciones, partes de un todo que todavía me resulta demasiado complicado de entender.

The empty´s response. Aquí Frusciante calla para dejar que la voz aniñada y suave, quebradiza a veces, de Josh Klinghoffer te acaricie; una voz tímida, como de ojos cerrados y mejillas sonrosadas, que habla, que canta sobre un amor imposible, y el cielo y el infierno, sobre la cobardía y la respuesta del vacío al porqué. Y yo pienso, no puedo evitarlo, que esta canción es como un rumor encerrado en una campana de cristal. Si es que eso puede tener algún sentido.

 

posted by Ainhoa on 1:45 p. m. under ,

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El parque


Frente a mi casa hay un parque. Esta mañana he estado sentada en un banco, al sol, leyendo. Una estampa tan típica que asusta. Pero mientras estaba allí, sola, conversando en silencio con el protagonista del libro, me he dado cuenta de lo poco que he aprovechado este lugar en los más de dos años que llevo viviendo en este piso, y me he prometido que voy a volver cada mañana (o al menos, todas las que me sea posible), temprano, antes de que se llene de abuelos, niños y perros y ensucien mi soledad.
Imagen: Muchacha leyendo, de Fernando Botero

 

posted by Ainhoa on 5:04 p. m. under

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La invención de Morel




Adolfo Bioy Casares escribió La invención de Morel en 1940 , novela que Jorge Luis Borges calificó de perfecta. Ni más ni menos.


En ella se narra las peripecias de un fugitivo de la justicia que se refugia en una isla desierta por ser el foco de una extraña enfermedad que primero provoca la degradación física del individuo para después matarlo.


Seguro de que allí nadie le buscará, la repentina aparición de unos turistas que parecen disfrutar de una estancia plácida y frívola le sorprende y asusta. Se esfuerza en permanecer escondido y alerta. Tras una detenida observación descubre que los actos de esas personas se repiten cada ocho días, un misterio que a partir de ese momento tratará de resolver.


Me gustaría desvelar un poco más del desarrollo y el final de la novela, pero no lo haré por si os apetece leerla y sobre todo para no estropear el placer de imaginaros tan perdidos como el protagonista, tan perdidos como lo estuve yo antes de que las piezas comenzaran a encajar.


Más allá de la historia de ciencia ficción que Bioy Casares desarrolla en esta novela corta, aquí se habla principalmente del deseo humano de alcanzar la inmortalidad. También habla de la teoría idealista del solipsismo, del mito del eterno retorno de Nietzsche, del Ensayo sobre el Principio de la Población de Malthus, pero sobre todo llama la atención sobre la devoción del ser humano por una tecnología que podría llegar a suplantarnos.


 

posted by Ainhoa on 4:52 p. m. under ,

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Un rostro, de Alejandra Pizarnik




Un rostro frente a tus ojos que lo miran y por favor: que no haya mirar sin ver. Cuando miras su rostro-por pasión, por necesidad como la de respirar-sucede, y de eso te enteras mucho después, que ni siquiera lo miras. Pero si lo miraste, si lo bebiste como sólo puede y sabe una sedienta como tú. Ahora estás en la calle; te alejas invadida por un rostro que miraste sin cesar, pero de súbito, flotante y descreída, te detienes, pues vienes de preguntarte si has visto su rostro. El combate con la desaparición es arduo. Buscas con urgencia en todas tus memorias, porque gracias a una simétrica repetición de experiencias sabes que si no lo recuerdas pocos instantes después de haberlo mirado este olvido significará los más desoladores días de búsqueda.
Hasta que vuelvas a verlo frente al tuyo, y con renovada esperanza lo mires de nuevo, decidida, esta vez, a mirarlo en serio, de verdad, lo cual, y esto también lo sabes, te resulta imposible, pues es la condición del amor que le tienes.


París, mayo de 1962.
Alejandra Pizarnik

 

posted by Ainhoa on 12:48 a. m. under

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