Perdidos, de Peter Straub

24 de Febrero de 2010

De la misma forma que estoy educando mi paladar comiendo cosas que nunca antes había probado, por falta de oportunidad o porque pensaba que no me iban a gustar, como los chicharrones fritos, estoy intentando ampliar mis horizontes en cuanto a la lectura. ¿Por qué? Pues la verdad es que no sé muy bien la razón, pero en ello ando. Así que el otro día me di un paseo por la biblioteca de mi barrio con la intención de encontrar una novela de terror. Éste es un género que siempre he evitado porque, a pesar de haberme enfrentado a un par de atracadores en mi vida −quienes, por cierto, salieron huyendo−, para la ficción soy bastante más cobarde. Después de sopesar varias opciones, elegí Perdidos, de Peter Straub, animada por el hecho de que, leyendo la biografía del autor en la solapa, me enteré de que es un escritor de terror bastante respetado y premiado.
Comencé a leerlo de día y con cierta aprensión, creyendo que me enfrentaba a una labor peligrosa, pero me lo leí en un par de días y creo que, de hecho, eso es lo mejor de este libro: que se lee tan rápido, el esfuerzo invertido en ello es tan bajo, que ni quiera lo puedes considerar una estafa.
La trama gira en torno a un muchacho de quince años, que desaparece tras el suicidio de su madre, y una casa misteriosa. Se supone que la casa era el elemento perturbador que iba a hacer que me muriera de miedo, pero gracias a unas descripciones a base de lugares comunes creo que me da más miedo, no sé, la casa de la pradera. Y luego está el narrador, que cambia de tono y persona cuando le da la gana y sin venir a cuento. Y para colmo el desenlace es tan absurdo y tan pastelón que al final no sabía si el problema estaba en que me había confundido y en realidad había cogido prestada una novela de Daniel Steel.
¿No se suponía que este hombre era un maestro del terror que iba a hacer que el miedo me paralizara? (Y que conste que yo soy bastante fácil en ese aspecto; creo que ya he contado en alguna entrada anterior que después de ver Instinto Básico no pude dormir en no sé cuántos días). Si alguien pudiera recomendarme algún buen libro del género, se lo agradecería.

 

posted by Ainhoa on 3:29 p. m. under ,

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Eric Rohmer

15 de Febrero de 2010

Antes de Digital + existió Vía Digital y en Vía Digital había una canal que se llamaba CinemaTk dedicado al cine de autor. Fue en ese canal donde vi por primera vez El amigo de mi amiga, la película con la que descubrí a Eric Rohmer. Me gustó la ausencia de música, las larguísimas secuencias, el aire improvisado de los diálogos y el contenido de esos diálogos, por supuesto. Me gustó tanto que me tragué todos los pases de la película y de todas las que vinieron después, como la serie Cuentos de las cuatro estaciones, El rayo verde, Pauline en la playa, Mi noche con Maud y no sé cuántas más.
Erich Rohmer dijo que “el autor no existe más que por su obra”, quizá por eso su nombre era un seudónimo y apenas se conocían detalles de su vida, raramente asistía a actos públicos o confundía a los periodistas dándoles diferentes fechas cuando le preguntaban cuándo había nacido. Quizá por eso, porque el autor no existe más que por su obra, es que realmente no ha muerto.

 

posted by Ainhoa on 12:14 p. m. under

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John Frusciante has left the band


10 de febrero de 2010

Pues sí, Jesús, parece que tenías razón: John Frusciante ha dejado los Red Hot Chili Peppers. Según he leído en su blog, quiere centrarse en su (imprevisible) carrera en solitario. Y yo tan contenta porque esa es la versión de Frusciante que más me gusta: canciones interminables de letras intensas. Y su voz en primer plano, nada de hacerle los coros a Kiedis. ¿Puede haber algo mejor que un futuro repleto de canciones nuevas de Frusciante? Pero por otro lado…, seguramente hubiera sido más fácil verlo en directo por estos lares como miembro de los RHCP que en solitario. Creo que a partir de ahora no habrá mejor excusa para hacer la maleta que un concierto de Frusciante. Sea donde sea.

 

posted by Ainhoa on 11:50 a. m. under

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La elegancia del erizo, de Muriel Barbery

04 de febrero de 2010



No confío demasiado en los libros que lee todo el mundo (después de esa porquería titulada El código Da Vinci, ¿qué queréis que haga?) pero la insistencia sobre esta novela me llegaba desde demasiados frentes, algunos de ellos con un criterio bastante fiable, así que la pasada Navidad decidí leerlo, todavía un pelín escéptica, eso sí.
Me encontré con un libro narrado a dos voces, la de la portera de un edificio burgués de París y la de una de sus inquilinas, una niña de doce años que es superdotada.
Renée, la portera, viuda y cincuentona, pone todo su empeño en mantener esa imagen vulgar de inteligencia limitada que se les presupone a las de su gremio para poder preservar su intimidad repleta de novelas rusas, filósofos y películas japonesas.
Paloma, la niña, ha llegado a la conclusión de que la vida no merece la pena, lo que la lleva a tomar una decisión drástica que espera que, además de a ella, afecte también a toda su familia.
Estos dos personajes, tan diferentes en apariencia, acabarán descubriendo que no lo son tanto gracias a la llegada de un nuevo inquilino que alterará el día a día del inmueble y provocará el encuentro entre Renée y Paloma.
Ambas están desencantadas con el mundo pero al mismo tiempo sienten pasión por los pequeños detalles y por las grandes ideas.
He echado en falta un poco más de profundidad en esa amistad que van forjando la niña y la portera, un poco más de rotundidad en ese reconocerse a pesar de todo.
Pero aún así La elegancia del erizo me pareció una novela muy buena, nada que ver con esa porquería titulada El código Da Vinci.

 

posted by Ainhoa on 5:33 p. m. under ,

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Días de hospital

01 de Febrero de 2010
Siento la ausencia. Mi padre nos ha dado un buen susto y las últimas dos semanas prácticamente las he pasado en el hospital San Pedro de Logroño. La primera fue una pesadilla; durante la segunda comenzamos a tener un poquitín de esperanza. Ayer, cuando nos despedimos porque yo tenía que regresar a Madrid, se quedó dando guerra; no esperaba menos de él. A pesar de todo, la incertidumbre sigue ahí, consumiendo sin miramientos la energía de la familia.

 

posted by Ainhoa on 11:21 a. m. under

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