Después de más de mil días

30 de Noviembre de 2010

Después de más de mil días de vida contemplativa, me he visto obligada a reincorporarme al mundo laboral y, como consecuencia de ello, mis jornadas se han deformado por completo. El espacio para los desayunos largos, las películas tontas y las películas listas, los lunes que son como domingos y las resacas de los viernes por la mañana se ha reducido considerablemente. Ahora me estoy haciendo experta en puzzles: una hora de estudio encajada aquí, dos horas de escritura allá, las horas de trabajo invariablemente ahí, reuniones literarias, bares, amigos y Paco, al que apenas veo a pesar de vivir con él. Mi pobre Paco, que ha vuelto a coger el trapo del polvo y la plancha de forma regular. Aunque tampoco se queja, que a cambio a recibido una casa vacía por las tardes y un buen montón de horas para echarme de menos.
Así que ahora mis semanas son como las de ese tal Lucas sobre el que escribía Cortázar. Y supongo que como las de casi todos.

"Lucas, sus soliloquios
Che, ya está bien que tus hermanos me hayan escorchado hasta nomáspoder, pero ahora que yo te estaba esperando con tantas ganas de salir a caminar, llegás hecho una sopa y con esa cara entre plomo y paraguas dado vuelta que ya te conocí tantas veces. Así no es posible entenderse, te das cuenta. ¿Qué clase de paseo va a ser éste si me basta mirarte para saber que con vos me voy a empapar el alma, que se me va a meter el agua por el pescuezo y que los cafés olerán a humedad y casi seguro habrá una mosca en el vaso de vino?
Parecería que darte cita no sirve de nada, y eso que la preparé tan despacio, primero arrinconando a tus hermanos, que como siempre hacen lo posible por hartarme, irme sacando las ganas de que vengas vos a traerme un poco de aire fresco, un rato de esquinas asoleadas y parques con chicos y trompos. De a uno, sin contemplaciones, los fui ignorando para que no pudieran cargarme la romana como es su estilo, abusar del teléfono, de las cartas urgentes, de esa manera que tienen de aparecerse a las ocho de la mañana y plantarse para toda la siega. Nunca fui grosero con ellos, hasta me comedí a tratarlos con gentileza, simplemente haciéndome el que no me daba cuenta de sus presiones, de la extorsión permanente que me inflingen desde todos los ángulos, como si te tuvieran envidia, quisieran menoscabarte por adelantado para quitarme el deseo de verte llegar, de salir con vos. Ya sabemos, la familia, pero ahora ocurre que en vez de estar a mi lado contra ellos, vos también te les plegás sin darme tiempo a nada, ni siquiera a resignarme y contemporizar, te aparecés así, chorreando agua, un agua gris de tormenta y de frío, una negación aplastante de lo que yo tanto había esperado mientras me sacaba poco a poco de encima a tus hermanos y trataba de guardar fuerzas y alegría, de tener los bolsillos llenos de monedas, de planear itinerarios, papas fritas en ese restaurante bajo los árboles donde es tan lindo almorzar entre pájaros y chicas y el viejo Clemente que recomienda el mejor provolone y a veces toca el acordeón y canta.
Perdóname si te bato que sos un asco, ahora tengo que convencerme de que eso está en la familia, que no sos diferente aunque siempre te esperé como la excepción, ese momento en todo lo abrumador se detiene para que entre lo liviano, la espuma de la charla y la vuelta de las esquinas; ya ves, resulta todavía peor, te aparecés como el reverso de mi esperanza, cínicamente me golpeás la ventana y te quedás ahí esperando a que yo me ponga galochas, a que saque la gabardina y el paraguas. Sos el cómplice de los otros, yo que tantas veces te supe diferente y te quise por eso, ya van tres o cuatro veces que hacés lo mismo, de qué me va a servir que cada tanto respondas a mi deseo si al final es esto, verte ahí con la crenchas en los ojos, los dedos chorreando un agua gris, mirándome sin hablar. Casi mejor tus hermanos, finalmente, por lo menos luchar contra ellos me hace pasar el tiempo, todo va mejor cuando se defiende la libertad y la esperanza; pero vos, vos no me das más que este vacío de quedarme en casa, de saber que todo rezuma hostilidad, que la noche vendrá como un tren atrasado en un andén lleno de viento, que sólo llegará después de muchos mates, de muchos informativos, con su hermano lunes esperando detrás de la puerta la hora en que el despertador me va a poner de nuevo cara a cara con el que es peor, pegado a vos, pero vos ya de nuevo tan lejos de él, detrás del martes y el miércoles y etcétera."

Un tal Lucas, Julio Cortázar

 

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18 de Noviembre de 2010

Llevo tiempo dándole vueltas a lo de llevar este blog a un terreno más literario. No me refiero a las reseñas que publico aquí de vez en cuando, sino a mostrar mi propio trabajo. Hasta ahora no me había decidido porque mis relatos son en general demasiado largos para este formato (todos sabemos que las entradas extensas no suelen leerse enteras), pero últimamente he estado experimentado con historias más cortas, así que aquí os dejo el primer divertimento.

Policromía

Por aquella época me vi obligada a vivir con mi hermana, que se había teñido el pelo de rubio y vestía mucho de rosa. También seguía una dieta cromática, es decir, durante los días verdes sólo comía canónigos (la lechuga tenía un punto blanquecino que no la convencía), guisantes, espinacas o kiwis, y si tenía el día naranja se hinchaba a mandarinas, zanahorias y puré de calabaza. A mí me daban ganas de pegarle dos bofetones, pero me limitaba a hacer todo lo posible por no coincidir con ella a la hora de la comida o de la cena. Me pasaba tanto tiempo por ahí, deambulando sola, que me conocía cada calle del barrio, los desconchones de las fachadas, los locales vacíos, las baldosas levantadas de las aceras, los carteles a medio arrancar, que parecían harapos tendidos. Los miércoles adquirí la costumbre de cenar en el pub irlandés que había en la esquina: me pedía una Guinness y una hamburguesa, y esperaba a que entrara él, con su chándal azul marino y una bolsa de deporte colgada del hombro. Era muy delgado y tenía el pelo largo, revuelto, muy oscuro, como las cejas y los ojos. Probablemente venía del gimnasio o de jugar al fútbol con sus colegas, pero el caso es que tenía pinta de haber salido de un portal maloliente después de inyectarse algo en vena. Y yo quería cuidar de él. Se sentaba en la barra y dejaba la bolsa de deporte en el suelo, a los pies de la banqueta, y me obsequiaba con su perfil morisco. Se pedía una Coca-cola y la bebía a sorbos, y antes de cada sorbo miraba dentro del vaso, como si no supiera qué era ese brebaje marrón que estaba a punto de beber. Y a mí me inspiraba ternura y deseo y me proporcionaba grandes momentos dentro de mi cabeza. Le observaba desde mi rincón, mientras yo cenaba, con Austen o Forster abiertos sobre la mesa, siempre dispuestos a cubrirme si él me descubría.
Y en esas andaba yo, haciendo como que leía pero disolviéndome en realidad con cada sorbo que él daba, cuando vislumbré a mi hermana en el umbral, tan rubia y tan de rosa. Y vi que no me buscaba a mí— ¿por qué iba a hacerlo? Yo nunca le había dicho que iba a ese pub—, sino que se dirigía directamente a la barra, se paraba delante de mi enjuto desconocido del chándal y le plantaba un beso pegajoso en la boca. Entonces él la miró como miraba el interior de su vaso de Coca-cola y después se volvió hacia donde yo estaba y me dijo que lo sentía, no con palabras, sino con esas cejas espesas y una mueca lúgubre en los labios y yo cerré mi libro y me fui a casa y abrí la nevera y mezclé el arroz hervido de mi hermana con mostaza, sus garbanzos cocidos con lentejas y le añadí kétchup al zumo de naranja.

 

posted by Ainhoa on 10:15 a. m. under

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Una curiosidad Real

14 de noviembre de 2010

Según el Real Decreto 1368/1987, de 6 de noviembre, sobre régimen de títulos, tratamientos y honores de la Familia Real y de los Regentes (se nota que estoy estudiando la Constitución), la consorte del Rey de España recibirá la denominación de Reina y el tratamiento de Majestad, mientras que al consorte de la Reina (si algún día la tuviéramos) le corresponde la dignidad de Príncipe y recibirá el tratamiento de Alteza Real. Una primera lectura me advierte de que incluso a la Reina (no a la consorte) hay que protegerla de la supuesta (según se desprende del Real Decreto) avidez masculina de poder y por ello no se arriesgan a otorgarle el título de Rey a su consorte. Imagino que la palabra Rey es tan fuerte que siempre estaría por encima de la Reina, por mucho que ésta fuera la heredera legítima, algo que a la inversa parece no ocurrir.

 

posted by Ainhoa on 7:01 p. m. under

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Diversiones (3)

05 de Noviembre de 2010

Estos días me divierto:
Como adivinaréis por la entrada anterior, viendo True Blood y A dos metros bajo tierra, esta última en versión original porque la veo sola, y es que Paco se pone muy nervioso con los subtítulos.
Leyendo relatos: Cortázar, Munro, Bolaño, Ford, Carver, Salinger...
Escribiendo relatos: aunque eso no es que sea una novedad, es algo que llevo haciendo varios años, pero últimamente ando de lo más inspirada y prolífica.
Estudiando: el caso es que he decidido prepararme unas oposiciones de auxiliar de biblioteca y aquí estoy, liadísima con la Constitución y empezando con el temario específico. Me gustaba estudiar de niña (yo era de las que quería que se pasara pronto el verano para volver a clase), me siguió gustando de joven y ahora, a la avanzada edad de 35 años, me he dado cuenta de que me sigue gustando.
Como no he hecho ningún descubrimiento musical últimamente, sigo enganchada a BFMV y es que no me canso de escuchar la voz de Matt Tuck.

 

posted by Ainhoa on 11:40 a. m. under

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