18 de Noviembre de 2010

Llevo tiempo dándole vueltas a lo de llevar este blog a un terreno más literario. No me refiero a las reseñas que publico aquí de vez en cuando, sino a mostrar mi propio trabajo. Hasta ahora no me había decidido porque mis relatos son en general demasiado largos para este formato (todos sabemos que las entradas extensas no suelen leerse enteras), pero últimamente he estado experimentado con historias más cortas, así que aquí os dejo el primer divertimento.

Policromía

Por aquella época me vi obligada a vivir con mi hermana, que se había teñido el pelo de rubio y vestía mucho de rosa. También seguía una dieta cromática, es decir, durante los días verdes sólo comía canónigos (la lechuga tenía un punto blanquecino que no la convencía), guisantes, espinacas o kiwis, y si tenía el día naranja se hinchaba a mandarinas, zanahorias y puré de calabaza. A mí me daban ganas de pegarle dos bofetones, pero me limitaba a hacer todo lo posible por no coincidir con ella a la hora de la comida o de la cena. Me pasaba tanto tiempo por ahí, deambulando sola, que me conocía cada calle del barrio, los desconchones de las fachadas, los locales vacíos, las baldosas levantadas de las aceras, los carteles a medio arrancar, que parecían harapos tendidos. Los miércoles adquirí la costumbre de cenar en el pub irlandés que había en la esquina: me pedía una Guinness y una hamburguesa, y esperaba a que entrara él, con su chándal azul marino y una bolsa de deporte colgada del hombro. Era muy delgado y tenía el pelo largo, revuelto, muy oscuro, como las cejas y los ojos. Probablemente venía del gimnasio o de jugar al fútbol con sus colegas, pero el caso es que tenía pinta de haber salido de un portal maloliente después de inyectarse algo en vena. Y yo quería cuidar de él. Se sentaba en la barra y dejaba la bolsa de deporte en el suelo, a los pies de la banqueta, y me obsequiaba con su perfil morisco. Se pedía una Coca-cola y la bebía a sorbos, y antes de cada sorbo miraba dentro del vaso, como si no supiera qué era ese brebaje marrón que estaba a punto de beber. Y a mí me inspiraba ternura y deseo y me proporcionaba grandes momentos dentro de mi cabeza. Le observaba desde mi rincón, mientras yo cenaba, con Austen o Forster abiertos sobre la mesa, siempre dispuestos a cubrirme si él me descubría.
Y en esas andaba yo, haciendo como que leía pero disolviéndome en realidad con cada sorbo que él daba, cuando vislumbré a mi hermana en el umbral, tan rubia y tan de rosa. Y vi que no me buscaba a mí— ¿por qué iba a hacerlo? Yo nunca le había dicho que iba a ese pub—, sino que se dirigía directamente a la barra, se paraba delante de mi enjuto desconocido del chándal y le plantaba un beso pegajoso en la boca. Entonces él la miró como miraba el interior de su vaso de Coca-cola y después se volvió hacia donde yo estaba y me dijo que lo sentía, no con palabras, sino con esas cejas espesas y una mueca lúgubre en los labios y yo cerré mi libro y me fui a casa y abrí la nevera y mezclé el arroz hervido de mi hermana con mostaza, sus garbanzos cocidos con lentejas y le añadí kétchup al zumo de naranja.

 

posted by Ainhoa on 10:15 a. m. under

8 comentarios:

elena dijo...

Ya era que te animaras a colgar un relatillo. Me ha gustado, menuda decepción la pobre, aunque creo que sale ganando, a mí ese chico no me gustaba nada para ella, mejor que se lo quede la policrómica, jeje.

Ainhoa dijo...

¿No te gustaba el chico? Pues a mí me encanta ^_^, pero claro, yo no cuento.
Besos.

Anónimo dijo...

Un relato muy bueno. directo y con un punto divertido.

Ainhoa dijo...

Me alegro de que te haya gustado.
Un saludo.

Fernando dijo...

Bueno, ya te dije lo que me parecía este relato cuando nos lo leíste: cómo personificas los alimentos, cómo juegas con el humor y con el extrañamiento con "el extraño brebaje marrón"... Y bueno, ya sin tanta petulencia, que luego dices que soy antipático: me encantó.
Creo que sí, creo que deberías aprovechar esta fase azul tuya y publicar más relatos.

Ainhoa dijo...

Que lo de antipático fue sólo una primera impresión..., ya te lo dije
;-)
Te haré caso y en breve publicaré otro relato.
Un beso.

Ainhoa dijo...

Por cierto, Fernando, ¿te gusta más este título?

Fernando dijo...

Ay, qué difícil lo de los títulos... me recuerda mucho a la pintura, pero el relato no trata de pintura, no sé... Quizá "Policromía ketchup" estaría mejor... mmm, tampoco, suena a guasa.

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