10 de enero de 2011

Serpientes

Manuel me dijo: "tranquila, Cristina, sólo se quedarán un par de días", como siempre; y no sé si era por el humo espeso de los cigarrillos o por aquel trasiego de botellas de vino o ginebra o tequila, pero el caso es que a mí me parecían semanas. Y es que cada uno de esos dos días tenía decenas de amaneceres con sus correspondientes atardeceres. Y yo hacía como que no me enteraba. Sus dos amigos, porteños de acento lamedor, rebañaban cazuelas y sartenes con rebanadas de Pan Bimbo y encendían un pitillo tras otro y se reían mucho enseñando todos los dientes, como si sólo ellos supieran de qué iba la vida, y alguna que otra noche se escurrían por debajo de la puerta de nuestra habitación y recuperaban la forma y el volumen en nuestra cama. A veces los dos, a veces sólo uno, que el otro estaba demasiado borracho en el sofá del salón. Yo trataba de localizar a Manuel entre tanto brazo y tanta pierna, pero a menudo me hacía un lío y me confundía de boca o de sentimiento. Y a la mañana siguiente tenía agujetas y metía los zapatos de tacón en el bolso y me calzaba las botas planas, y gastaba el corrector de ojeras que parecía que me lo desayunaba. Y mientras trataba de cuadrar los balances en la oficina tenía que parpadear tanto y tan seguido para no ver todos esos miembros alrededor que un día a punto estuve de reventarme los ojos. Ese día, cuando llegué a casa, encontré a Manuel en el salón, entre el humo de los cigarrillos y los brazos de uno de los porteños y ni siquiera era de noche ni el porteño había tenido que filtrarse por debajo de ninguna puerta. Entonces le dije a Manuel que me marchaba. Y él me dijo que le parecía bien, que últimamente andábamos escasos de espacio.

 

posted by Ainhoa on 11:21 a. m. under

8 comentarios:

Zamarat dijo...

Guau!
Inquietante. Con cierto aire cortaziano, en mi opinión.
Me ha encantado lo de los porteños que se escurren por debajo de la puerta! Y el momento pan Bimbo!
Un abrazo!

Ainhoa dijo...

Gracias, guapa.
Yo suelo ser muy lenta escribiendo, pero esto lo escribí en cinco minutos tirada en el sofá; fue un momento de inspiración de esos que no ocurren muy a menudo. Me alegro de que te haya gustado.
Besos.

elena dijo...

A mi también me ha gustado, el tono que tiene. Desde luego creo que tomó la mejor decisión. Muy buen final.
Lo único es que no se sabe quién lo cuenta hasta muy entrado el relato.
Un beso guapa!

Ainhoa dijo...

Tienes razón, Elena. Por eso he modificado el principio. ¿Está mejor así?
Un besazo, guapa.

elena dijo...

Ahora sí queda claro. Que conste que eso me lo has enseñado tú. ;-).
Besos.

Ainhoa dijo...

Bueno, ya sabes que es mucho más fácil darse cuenta de lo que no funciona en los relatos ajenos que en los de uno mismo ^_^
Besos.

Concha Huerta dijo...

Que bien relatas esa dejadez de hombres y sexo entre alcohol y humo. Y el final me arranco una sonrisa. Estamos faltos de espacio... Un saludo desde Madrid

Ainhoa dijo...

Muchas gracias por tu comentario, Concha.
He estado echando un vistazo a tu blog y me he quedado sin palabras al leer tu biografía. No sabía que una vida daba para tanto. Te seguiré leyendo.
Un saludo (desde Madrid también).

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