The pillow book y la intensidad


Estoy aprendiendo a no hacer varias cosas al mismo tiempo. Al fin y al cabo, ahora ya no tengo prisa. Pero el caso es que hasta hace unos meses sí la tenía: prisa por conseguir algo de tiempo libre con la esperanza de poder emplearlo en la difícil tarea de recordarme a mí misma que todavía seguía siendo un ser humano.
Pero, como he dicho, todo eso forma parte del pasado. Aún así no me está resultando nada fácil deshacerme de ciertas rutinas incómodas adquiridas durante años de dedicación a la causa material de otros, en lugar de a mi propia persona.
Por eso todavía leo y veo una película a la vez. O escribo emails mientras como y escucho música. O soy capaz de mantener una conversación mientras sigo el hilo de alguna de mis series favoritas. O ...
Pero el otro día comencé a ver The pillow book, la película de Peter Greenaway, y aunque tuve el impulso de levantarme del sofá para coger la novela que estaba leyendo, pude resistirlo, como un alcohólico decidido por fin a comenzar una nueva vida. Tal vez fueron las imágenes, oscuras, sugerentes, superpuestas (algo que en otros casos me irrita bastante), o la música, tan inquietante; o el cuerpo desnudo de Ewan McGregor cubierto de caracteres japoneses. El caso es que algo me obligó en un principio a permanecer sentada, paralizada casi. Luego la propia historia hizo el resto. Cuando terminó me sentía exhausta, como si hubiera realizado un gran esfuerzo (que probablemente lo hice, dada mi estúpida inquietud natural).
Más tarde probé a leer sin más sonido que el de la palabra escrita retumbando en mi cerebro. Nada de música, ni de televisión.
Después comí, en silencio también, saboreando cada bocado.
Luego escuché música con los ojos cerrados, tumbada en el suelo.
Aunque parezca una tontería, aquel día la vida me pareció mucho más intensa.

 

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César Manrique, un tipo con suerte.












Lanzarote fue el inmenso patio de juegos de César Manrique desde 1968. Como un niño mimado, hizo lo que quiso en la isla con permiso de sus papás, es decir, de las autoridades, sin importarle la lava ni las incipientes embestidas del turismo de masas, sino más bien sacándoles la lengua, desafiante, arrogante como eso, como un niño mimado para el que los límites no existieron. Afortunadamente para nosotros.

Fotografías:

Jardín de Cáctus
Fundación César Manrique
Los Jameos del Agua
Teguise
Abril 2008

 

posted by Ainhoa on 1:18 p. m. under ,

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Fahrenheit 451, de Ray Bradbury


"Como las universidades producían más corredores, saltadores, boxeadores, aviadores y nadadores, en vez de profesores, críticos, sabios y creadores, la palabra intelectual, claro está, se convirtió en el insulto que merecía ser. Siempre se teme a lo desconocido. Sin duda, te acordarás del muchacho de tu clase que era excepcionalmente inteligente, que recitaba la mayoría de las lecciones y daba las respuestas, en tanto que los demás permanecían como muñecos de barro, y lo detestaban. ¿Y no era ese muchacho inteligente al que escogían para pegar y atormentar después de las horas de clase? Desde luego que sí. Hemos de ser todos iguales. No todos nacimos libres e iguales como dice la Constitución, sino hechos iguales. Cada hombre, la imagen de cualquier otro. Entonces, son todos felices, porque no pueden establecerse diferencias ni comparaciones desfavorables. Un libro es un arma cargada en la casa de al lado. Quémalo. Quita el proyectil del arma. Domina la mente del hombre. ¿Quién sabe cuál podría ser el objetivo del hombre que leyese mucho? ¿Yo? No los resistiría ni un minuto. Y así, cuando, por último, las casas fueron totalmente inmunizadas contra el fuego, en el mundo entero (la otra noche tenías razón en tus conjeturas) ya no hubo necesidad de bomberos para el antiguo trabajo. Se les dio una nueva misión, como custodios de nuestra tranquilidad de espíritu, de nuestro pequeño, comprensible y justo temor de ser inferiores. Censores oficiales, jueces y ejecutores. Eso eres tú, Montag. Y eso soy yo."

 

posted by Ainhoa on 12:40 p. m. under

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Plata Quemada - Ricardo Piglia







"En la cárcel me hice puto, drogadicto, me hice chorro, peronista, timbero, aprendí a pelear a traición, a partir la nariz de un cabezazo a tipos que si los mirás torcido te rompen el alma, aprendí a llevar una púa escondida entre los huevos, a meterme las bolsitas de la merca en el ojo del culo, me leí todos los libros de historia de la biblioteca, porque no sabía qué hacer, me podés preguntar quién ganó la batalla que se te cante en el año que quieras y yo te lo digo, porque en la cárcel no tenés un pomo que hacer y entonces leés, mirás el aire, te aturde el ruido que hacen los grasas ahí encerrados, te envenenás, te llenás de veneno como si lo respiraras, escuchás a los bonchas contar siempre las mismas boludeces, pensás que es jueves y en realidad recién es el lunes a la tarde, yo aprendí a jugar al ajedrez, aprendí a hacer cinturones con el papel plateado de los cigarrillos, aprendí a cogerme a mi novia de parado en el patio, en el horario de las visitas, en una especie de carpita hecha con una sábana, en un costado, los otros internos te ayudan, si ellos también están con la señora y los pibes y se tienen que esconder para echarse un polvo, las minas son de fierro, se bajan los calzones, se te sientan encima, mientras los guanacos te espían, te gozan, se ríen de lo boludo y lo caliente que está uno, hombres grandes que no pueden coger, porque para eso te encanan, para que no puedas garchar, por eso te llenás de veneno, te tienen en una heladera, te meten en una jaula llena de machos y nadie puede coger, vos querés y te verduguean, o peor, te hacen sentir un mendigo, un croto, terminás hablando solo, viendo visiones (y Gaucho lo dejaba hablar, le decía que sí, a veces incluso le agarraba la mano, en la oscuridad, los dos despiertos, fumando, boca arriba, en la cama, en alguna pieza, en algún hotel, en algún pueblo de la provincia, escondidos, guardados, los mellizos tomados de la mano, rajando de la taquería, con la pistola en el piso envuelta en una toalla, el auto escondido entre los árboles, parando un poco la marcha, tratando de descansar y de calmarse, dejar de rajar por lo menos una noche, dormir en una cama). Y el Nene se alucinaba, ahí había aprendido a sentir el veneno de los valerios que lo verdugueaban porque sí, porque era joven, porque era lindo, porque tenías un gorompo más grande que el de ellos (decía el Nene), aprendía a guardarme el odio adentro, terrible la vena, como un fuego, el odio es lo que te mantiene vivo, te pasás la noche sin poder dormir, en la jaula, mirando la lamparita en el pecho, que titila, débil, medio amarilla, prendida las veinticuatro horas para que te puedan espiar, para obligarte a tener las manos afuera de las cobijas y que no te hagas la muñeca, pasa un valerio y levanta la mirilla y te ve ahí, despierto, pensando. Aprendés sobre todo a pensar cuando estás en la gayola, un preso es por definición un tipo que se pasa el día pensando. ¿Te acordás, Gaucho? Vivís en la cabeza, te metés ahí, te hacés otra vida, adentro de la sabiola, vas, venís, en la mente, como si tuvieras una pantalla, una tele personal, la metés en el canal tuyo y proyectás la vida que podrías estar viviendo o ¿no es así, hermanito?, te hacen de goma, te metés para adentro y viajás, con un poco de droga que consigas, chau, estás en otra, te tomás un taxi, bajás en la esquina de la casa de tu vieja, entrás en el bar de Rivadavia y Medrano a mirar por la ventana a los tipos que baldean la vereda, cualquier gansada. Una vez estuve como tres días haciendo una casa, te juro, empecé con los cimientos y la fui haciendo, de memoria, la casa, los pisos, las paredes, las escaleras, el techo, los muebles. Después que la terminás de hacer, le ponés una bomba y la hacés explotar, todo el tiempo pensás que los tipos quieren volverte loco. Que están para eso. Y te vuelven loco, tarde o temprano. Si estás todo el tiempo pensando. Tuviste tantas ideas al final del día y tan poco movimiento que sos, no sé, como esos tipos que se subían a una montaña y se ponían a meditar seis, siete años, ¿no?, los eremitas, se llamaban, en una cueva, los tipos, piensan en Dios, en María Santísima, hacen promesas, no comen, son como uno cuando está en cana, tantos pensamientos y tan poca experiencia real, que al final sos como un cráneo, como una maceta, con una planta, los pensamientos se te arrastran como gusanos en la bosta. Si yo te contara las cosas que pensé estando en cafúa habría para hablar, no sé, la misma cantidad de tiempo que estuve preso."

 

posted by Ainhoa on 7:39 p. m. under

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Rufus Wainwright - Going to a town (official)

I´m going to a town that has already been burnt down.* I´m going to a place that has already been disgraced.* I´ m gonna see some folks who have already been let down.* I´m so tired of America.* I´m gonna make it up for all of the Sunday Times.* I´m gonna make it up for all of the nursery rhymes.* That never really seem to want to tell the truth.* I´m so tired of you America.* Making my own way home.* Ain´t gonna be alone.* I got a life to lead.* America.* I got a life to lead.* Tell me. Do you really think you go to hell for having loved?.* Tell me. And not for thinking that everything you´ve done is good?* I really need to know.* After soaking the body of Jesus Christ in blood.* I´m so tired of America.* I really need to know.* I may just never see you again or might as well.* You took advantage of a world that loved you well.* I´m going to a town that has already been burnt down.* I´m so tired of you America.* Making my own way home.* Ain´t gonna be alone.* I got a life to live.* America.* I got a life to lead.* I got a soul to feed.* I got a dream to heed.* And that´s all I need. * Making my own way home.* Ain´t gonna be alone.* I´m going to a town that has already been burnt down.

 

posted by Ainhoa on 12:21 p. m.

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Hevel, Quintett, White Darkness - Compañía Nacional de Danza


HEVEL

Nos dicen en el programa que en la antigua poesía hebrea, la palabra "hevel" formaba parte del repertorio de imágenes, que como "agua", "sombra" o "humo" servían para describir la fragilidad y el carácter efímero de la condición humana. También que su uso más destacado se encuentra en el Eclesiastés, donde "hevel" quedó fijado en la versión de la Vulgata como "vanitas". En traducciones modernas aparece como "vacío", incluso "desperdicio". Será en su uso como vanitas, como nada, lapso o vacío, nos advierten, donde "hevel" tiene su sentido en esta coreografía original de Nacho Duato.
El escenario en penumbra. Un gigantesco artefacto metálico articulado, a modo de panel solar que no recogerá ninguna luz, sirve de escondrijo a unos bailarines que se retuercen, que gimen y convulsionan, que se esconden, que caen derrotados pero vuelven a levantarse para continuar con esa lucha infinita por la supervivencia en un mundo hastiado que a fin de cuentas no parece merecer demasiado la pena. Y todo este sinsentido brutal agudizado por una música que se reduce a sonidos estridentes que ponen los nervios de punta y a una serie de golpes esporádicos y rotundos que te obligan a permanecer alerta en todo momento. El vestuario, una segunda piel negra manchada de un rojo sangre desvaído.
Y todo ello combinado, el reflejo terrorífico del vacío existencial.

QUINTETT

Quintett es una coreografía que William Forsythe ideó en colaboración con Dana Caspersen, Stephen Galloway, Jacopo Godani, Thomas McManus y Jone San Martín, estrenada por el Ballet de Frankfurt en 1993.
Es una pieza más optimista que la anterior. En este caso predomina el blanco sobre el escenario y el vestuario de los bailarines tiene colores más alegres (verde, naranja, fucsia, azul...).
Como cinco niños que acaban de conocerse y que sienten curiosidad por el otro, juegan al son de una canción de Gavin Bryars que se repite sin cesar hasta el final. Suben y bajan escaleras, se persiguen, se tocan, se pelean, se reconcilian, bromean, retan, sonríen, todo con movimientos que parecen ir más allá de las posibilidades del cuerpo humano. Un caos perfecto.

WHITE DARKNESS

Nacho Duato hace en esta creación "una reflexión abierta sobre el mundo de las drogas y el efecto que éstas pueden ejercer en nuestro comportamiento social, en nuestras vidas".
White Darkness tiene un aire más clásico en sus movimientos, con momentos brillantes de plasticidad y un dinamismo vertiginoso en las partes grupales, mientras que los momentos en que sobre el escenario baila sola la pareja principal tienen una gran intesidad dramática, angustiosa a veces, porque él quiere salvarla y ella no se deja y huye, o trata de hacerlo a través de pasos tan hermosos como desesperados, solo para que él vuelva a contenerla de nuevo entre sus brazos, hasta que al final, una cascada de polvo blanco cae sobre ella, sepultándola poco a poco, ante la mirada impotente de él.




 

posted by Ainhoa on 12:05 p. m. under

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Porque lo prometido es deuda...




Os dije que iba a hablar de ello y aquí estoy, dispuesta a hacer un breve resumen (cualquier otra cosa requeriría un esfuerzo demasiado intenso y me temo que el resultado os podría parecer aburrido, ya que las obsesiones ajenas, igual que el relato detallado de los sueños de otro, no suelen despertar un interés duradero) del recorrido por las entrañas de esas cinco canciones maravillosamente imperfectas que componen el álbum AWII, de Ataxia.

Abre con Attention: un platillo, unos golpes de batería inquietantes, el sonido rotundo del bajo de Joe Lally y por fin, la guitarra y la voz metálica (y sorprendente, en este caso por lo segura) de John Frusciante, y yo un poquito más cerca de la felicidad, absoluta y perturbadora, de esa que no se puede soportar durante demasiado tiempo, porque una corre el peligro de descomponerse en piezas diminutas que nunca más será capaz de juntar, y eso siempre da un poco de miedo.

Union, otra vez el bajo poderoso de Joe Lally pero la voz de Frusciante aquí es vertiginosa, más amable, aunque un poquito triste también y entonces me sobreviene el deseo de un abrazo, especialmente durante el solo de guitarra, en el que se cuelan unos lamentos que se retuercen y se hacen añicos, quizá por esa chica que dice que conoce y que está a punto de morir. No lo sé, porque el resto son fogonazos de inspiración, versos inconexos, advertencias y reproches distorsionados por un sintetizador.

Hands, es eso, manos aplaudiendo, llevando el ritmo invariable y angustioso de una canción que habla de manos una y otra vez, manos que se mueven y golpean dos veces el mundo, allí, en la luz majestuosa, y nos dominan y hacen planes por nosotros because we´re meant to be unplayed (¡qué miedo!). Ten por seguro que si buscas refugio en los bosques, a mí me gustaría ir contigo.

The soldier me resulta demasiado familiar al principio; me recuerda a The Doors, lo que no interpreto como una mala señal, ni mucho menos, pero me alegra que poco a poco se vaya introduciendo en esos caminos oscuros e inquietantes en los que Frusciante se suele perder, y yo con él, durante diez minutos exactos, en sus graves y sus agudos, en su voz a veces forzada, a veces deformada, en la que distingo ecos de guerras, fantasmas y oraciones, partes de un todo que todavía me resulta demasiado complicado de entender.

The empty´s response. Aquí Frusciante calla para dejar que la voz aniñada y suave, quebradiza a veces, de Josh Klinghoffer te acaricie; una voz tímida, como de ojos cerrados y mejillas sonrosadas, que habla, que canta sobre un amor imposible, y el cielo y el infierno, sobre la cobardía y la respuesta del vacío al porqué. Y yo pienso, no puedo evitarlo, que esta canción es como un rumor encerrado en una campana de cristal. Si es que eso puede tener algún sentido.

 

posted by Ainhoa on 1:45 p. m. under ,

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El parque


Frente a mi casa hay un parque. Esta mañana he estado sentada en un banco, al sol, leyendo. Una estampa tan típica que asusta. Pero mientras estaba allí, sola, conversando en silencio con el protagonista del libro, me he dado cuenta de lo poco que he aprovechado este lugar en los más de dos años que llevo viviendo en este piso, y me he prometido que voy a volver cada mañana (o al menos, todas las que me sea posible), temprano, antes de que se llene de abuelos, niños y perros y ensucien mi soledad.
Imagen: Muchacha leyendo, de Fernando Botero

 

posted by Ainhoa on 5:04 p. m. under

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La invención de Morel




Adolfo Bioy Casares escribió La invención de Morel en 1940 , novela que Jorge Luis Borges calificó de perfecta. Ni más ni menos.


En ella se narra las peripecias de un fugitivo de la justicia que se refugia en una isla desierta por ser el foco de una extraña enfermedad que primero provoca la degradación física del individuo para después matarlo.


Seguro de que allí nadie le buscará, la repentina aparición de unos turistas que parecen disfrutar de una estancia plácida y frívola le sorprende y asusta. Se esfuerza en permanecer escondido y alerta. Tras una detenida observación descubre que los actos de esas personas se repiten cada ocho días, un misterio que a partir de ese momento tratará de resolver.


Me gustaría desvelar un poco más del desarrollo y el final de la novela, pero no lo haré por si os apetece leerla y sobre todo para no estropear el placer de imaginaros tan perdidos como el protagonista, tan perdidos como lo estuve yo antes de que las piezas comenzaran a encajar.


Más allá de la historia de ciencia ficción que Bioy Casares desarrolla en esta novela corta, aquí se habla principalmente del deseo humano de alcanzar la inmortalidad. También habla de la teoría idealista del solipsismo, del mito del eterno retorno de Nietzsche, del Ensayo sobre el Principio de la Población de Malthus, pero sobre todo llama la atención sobre la devoción del ser humano por una tecnología que podría llegar a suplantarnos.


 

posted by Ainhoa on 4:52 p. m. under ,

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Un rostro, de Alejandra Pizarnik




Un rostro frente a tus ojos que lo miran y por favor: que no haya mirar sin ver. Cuando miras su rostro-por pasión, por necesidad como la de respirar-sucede, y de eso te enteras mucho después, que ni siquiera lo miras. Pero si lo miraste, si lo bebiste como sólo puede y sabe una sedienta como tú. Ahora estás en la calle; te alejas invadida por un rostro que miraste sin cesar, pero de súbito, flotante y descreída, te detienes, pues vienes de preguntarte si has visto su rostro. El combate con la desaparición es arduo. Buscas con urgencia en todas tus memorias, porque gracias a una simétrica repetición de experiencias sabes que si no lo recuerdas pocos instantes después de haberlo mirado este olvido significará los más desoladores días de búsqueda.
Hasta que vuelvas a verlo frente al tuyo, y con renovada esperanza lo mires de nuevo, decidida, esta vez, a mirarlo en serio, de verdad, lo cual, y esto también lo sabes, te resulta imposible, pues es la condición del amor que le tienes.


París, mayo de 1962.
Alejandra Pizarnik

 

posted by Ainhoa on 12:48 a. m. under

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El corazón de las tinieblas - Joseph Conrad


Joseph Conrad, en su obra El corazón de las tinieblas, nos propone dos viajes: uno al corazón de la selva y otro al interior de Marlow, al descubrimiento de sus propios instintos.
El primer viaje, el físico, nos muestra la crudeza de la política colonial llevada a cabo por los países imperialistas al mismo tiempo que pone en evidencia la degradación moral de los representantes de esa política en los lugares colonizados.
El segundo viaje es el que lleva a Marlow hasta el interior de sí mismo. Comienza convencido de la superioridad del hombre blanco, de lo beneficiosa que para el colonizado es la civilización, con sus reglas y su moral. Pero en su travesía por el río Congo se encontrará con un hombre blanco chapucero, indolente, cruel, ambicioso... y el ejemplo supremo de degradación total en la figura de Kurtz, que es en lo que Marlow se hubiera convertido sin duda de haber permanecido más tiempo en la selva. Marlow espera encontrarse con el hombre eficiente e íntegro del que tanto le han hablado, pero en su lugar se encuentra a un hombre enfermo y patético, una persona despiadada y endiosada al que todos temen, el final de un viaje interior hacia el corazón de las tinieblas, donde sólo habita el instinto más salvaje.

 

posted by Ainhoa on 6:58 p. m. under ,

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La muerte en Venecia - Thomas Mann




"Las observaciones y vivencias del solitario taciturno son a la vez más borrosas y penetrantes que las del hombre sociable, y sus pensamientos, más graves, extraños y nunca exentos de cierto halo de tristeza. Ciertas imágenes e impresiones de las que sería fácil desprenderse con una mirada, una sonrisa o un intercambio de opiniones, le preocupan más de lo debido, adquieren profundidad en su silencio y devienen vivencia, aventura, sentimiento. La soledad hace madurar lo original, lo audad e inquietantemente bello, el poema. Pero también enjendra lo erróneo, desproporcionado, absurdo e ilícito."

La muerte en Venecia, de Thomas Mann

 

posted by Ainhoa on 10:29 a. m. under

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Ataxia - AW II


Hoy ha llegado a mis manos el nuevo cd de Ataxia, titulado Automatic Writing II, un trabajo de cinco canciones compuestas y grabadas por John Frusciante, Joe Lally y Josh Klinghoffer.
Es, como su nombre indica, la segunda entrega de unas sesiones que improvisaron entre los tres, cuya primera parte vio la luz en 2004.
Con cierta ansiedad y mucha emoción he comenzado a escucharlo.
A riesgo de resultar repetitiva para los que me conocen y me leen, no puedo evitar decir que John Frusciante es el músico que más me emociona y diría que es el que más me ha emocionado nunca si no fuera porque hace tiempo aprendí que lo inmediato, con su poderosa luz, tiene la capacidad de oscurecer el pasado, como los focos de un escenario no permiten al actor ver los rostros de su público.
Me he dado cuenta de que todavía no quiero hablar de estas canciones, de que en realidad no me atrevo; antes quiero perderme en ellas.
Cuando encuentre el camino de regreso, os contaré la experiencia.

 

posted by Ainhoa on 1:29 p. m. under

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Murakami, las palabras y el jazz

Ayer leí un artículo escrito por Haruki Murakami titulado Mensajero del jazz. En él cuenta que hasta los veintinueve años no tuvo intención de convertirse en novelista por el simple hecho de que nunca creyó tener talento para crear ficción y mucho menos para escribir algo que estuviera a la altura de las obras escritas por Dostoievski, Kafka o Balzac, los autores que más admiraba.
Decidió seguir leyendo como afición y abrir un pequeño club de jazz en Tokio para ganarse la vida.
El jazz es su otra gran pasión desde que en mil novecientos sesenta y cuatro, cuando tenía quince años, asistiera en Kobe a una actuación de Art Blakey and The Jazz Messengers y saliera de ella absolutamente fascinado.
Cuando cumplió veintinueve años dice que le “invadió una repentina sensación, salida de la nada, de que quería escribir una novela.” Ya no importaba que no pudiera estar a la altura de Dostoievski, Kafka o Balzac, simplemente quería escribir.
Sin experiencia, ni profesores, ni estilo, ni nadie con quien hablar de ello, sólo pensaba en “lo maravilloso que sería escribir como si tocara un instrumento.”
Sentía que “una especie de música propia se arremolinaba en una marea rica y poderosa. Me preguntaba si me sería posible transferir esa música a la escritura. Ahí arrancó mi estilo.”
A continuación Murakami nos dice que tanto en la música como en la literatura, lo más elemental es el ritmo, cuya importancia conoció gracias al jazz. Después viene la melodía, “la colocación adecuada de las palabras para que sigan el ritmo.” Luego vendría la armonía, “los sonidos mentales internos en los que se sustentan las palabras” y por último la parte que, según confiesa, es la que más le gusta: la improvisación libre, “lo único que tengo que hacer es dejarme llevar”. Y después, claro está, llega “ese subidón que experimentas al completar una obra, al finalizar tu actuación, y sentir que has conseguido llegar a ese lugar que es nuevo y revelador”.
Confiesa que sigue aprendiendo mucho sobre su oficio de escritor gracias a la buena música y que su estilo se alimenta tanto de los riffs de Charlie Parker como de la elegante fluidez de la prosa de F. Scott Fitzgerald, sin olvidar la cualidad de constante renovación de la música de Miles Davis.
Tomando como referencia algo que en su día dijo Thelonious Monk, uno de los más importantes pianistas de jazz (“Si te fijas en el teclado, todas las notas están ahí. Pero sin deseas expresar esa nota lo suficiente, sonará distinta”), Murakami piensa que, efectivamente, “no existen palabras nuevas. Nuestra labor consiste en infundir nuevos significados y matices especiales a palabras del todo corrientes. Esa idea me resulta tranquilizadora.”
A usted, Sr. Murakami, y creo que a todos los que hemos decidido dedicar parte de nuestra vida a inventar historias.

(Artículo de referencia: The jazz Messenger. The New York Times Book Review. Traducción de News Clips)

 

posted by Ainhoa on 12:17 p. m. under

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Conducta en los velorios - Julio Cortázar

Aquí teneis la hilarante historia de una familia de frikis que se dedica a ir a funerales de desconocidos para velar a aquellos cuyos parientes no sean del todo sinceros en su dolor por la pérdida sufrida. Una situación surrealista narrada con ironía que pretende ser una crítica a la hipocresía que rodea a la muerte y sus ritos.


CONDUCTA EN LOS VELORIOS


No vamos por el anís, ni porque hay que ir. Ya se habrá sospechado: vamos porque no podemos soportar las formas más solapadas de la hipocresía. Mi prima segunda, la mayor, se encarga de cerciorarse de la índole del duelo, y si es de verdad, si se llora porque llorar es lo único que les queda a esos hombres y a esas mujeres entre el olor a nardos y a café, entonces nos quedamos en casa y los acompañamos desde lejos. A lo sumo mi madre va un rato y saluda en nombre de la familia; no nos gusta interponer insolentemente nuestra vida ajena a ese dialogo con la sombra. Pero si de la pausada investigación de mi prima surge la sospecha de que en un patio cubierto o en la sala se han armado los trípodes del camelo, entonces la familia se pone sus mejores trajes, espera a que el velorio este a punto, y se va presentando de a poco pero implacablemente.

En Pacífico las cosas ocurren casi siempre en un patio con macetas y música de radio. Para estas ocasiones los vecinos condescienden a apagar las radios, y quedan solamente los jazmines y los parientes, alternándose contra las paredes. Llegamos de a uno o de a dos, saludamos a los deudos, a quienes se reconoce fácilmente porque lloran apenas ven entrar a alguien, y vamos a inclinarnos ante el difunto, escoltados por algún pariente cercano. Una o dos horas después toda la familia esta en la casa mortuoria, pero aunque los vecinos nos conocen bien, procedemos como si cada uno hubiera venido por su cuenta y apenas hablamos entre nosotros. Un método preciso ordena nuestros actos, escoge los interlocutores con quienes se departe en la cocina, bajo el naranjo, en los dormitorios, en el zaguán, y de cuando en cuando se sale a fumar al patio o a la calle, o se da una vuelta a la manzana para ventilar opiniones políticas y deportivas. No nos lleva demasiado tiempo sondear los sentimientos de los deudos más inmediatos, los vasitos de caña, el mate dulce y los Particulares livianos son el puente confidencial; antes de media noche estamos seguros, podemos actuar sin remordimientos. Por lo común mi hermana la menor se encarga de la primera escaramuza; diestramente ubicada a los pies del ataúd, se tapa los ojos con un pañuelo violeta y empieza a llorar, primero en silencio, empapando el pañuelo a un punto increíble, después con hipos y jadeos, y finalmente le acomete un ataque terrible de llanto que obliga a las vecinas a llevarla a la cama preparada para esas emergencias, darle a oler agua de azahar y consolarla, mientras otras vecinas se ocupan de los parientes cercanos bruscamente contagiados por la crisis. Durante un rato hay un amontonamiento de gente en la puerta de la capilla ardiente, preguntas y noticias en voz baja, encogimientos de hombros por parte de los vecinos. Agotados por un esfuerzo en que han debido emplearse a fondo, los deudos amenguan en sus manifestaciones, y en ese mismo momento mis tres primas segundas se largan a llorar sin afectación, sin gritos, pero tan conmovedoramente que los parientes y vecinos sienten la emulación, comprenden que no es posible quedarse así descansando mientras extraños de la otra cuadra se afligen de tal manera, y otra vez se suman a la deploración general, otra vez hay que hacer sitio en las camas, apantallar a señoras ancianas, aflojar el cinturón a viejitos convulsionados. Mis hermanos y yo esperamos por lo regular este momento para entrar en la sala mortuoria y ubicarnos junto al ataúd. Por extraño que parezca estamos realmente afligidos, jamás podemos oír llorar a nuestras hermanas sin que una congoja infinita nos llene el pecho y nos recuerde cosas de la infancia, unos campos cerca de Villa Albertina, un tranvía que chirriaba al tomar la curva en la calle General Rodríguez, en Bánfield, cosas así, siempre tan tristes. Nos basta ver las manos cruzadas del difunto para que el llanto nos arrase de golpe, nos obligue a taparnos la cara avergonzados, y somos cinco hombres que lloran de verdad en el velorio, mientras los deudos juntan desesperadamente el aliento para igualarnos, sintiendo que cueste lo que cueste deben demostrar que el velorio es el de ellos, que solamente ellos tienen derecho a llorar así en esa casa. Pero son pocos, y mienten (eso lo sabemos por mi prima segunda la mayor, y nos da fuerzas). En vano acumulan los hipos y los desmayos, inútilmente los vecinos más solidarios los apoyan con sus consuelos y sus reflexiones, llevándolos y trayéndolos para que descansen y se reincorporen a la lucha. Mis padres y mi tío el mayor nos reemplazan ahora, hay algo que impone respeto en el dolor de estos ancianos que han venido desde la calle Humboldt, cinco cuadras contando desde la esquina, para velar al finado. Los vecinos más coherentes empiezan a perder pie, dejan caer a los deudos, se van a la cocina a beber grapa y a comentar; algunos parientes, extenuados por una hora y media de llanto sostenido, duermen estertorosamente. Nosotros nos relevamos en orden, aunque sin dar la impresión de nada preparado; antes de las seis de la mañana somos los dueños indiscutidos del velorio, la mayoría de los vecinos se han ido a dormir a sus casas, los parientes yacen en diferentes posturas y grados de agotamiento, el alba nace en el patio. A esa hora mis tías organizan enérgicos refrigerios en la cocina, bebemos café hirviendo, nos miramos brillantemente al cruzarnos en el zaguán o los dormitorios; tenemos algo de hormigas yendo y viniendo, frotándose las antenas al pasar. Cuando llega el coche fúnebre las disposiciones están tomadas, mis hermanas llevan a los parientes a despedirse del finado antes del cierre del ataúd, los sostienen y confortan mientras mis primas y mis hermanos se van adelantando hasta desalojarlos, abreviar el último adiós y quedarse solos junto al muerto. Rendidos, extraviados, comprendiendo vagamente pero incapaces de reaccionar, los deudos se dejan llevar y traer, beben cualquier cosa que se les acerca a los labios, y responden con vagas protestas inconsistentes a las cariñosas solicitudes de mis primas y mis hermanas. Cuando es hora de partir y la casa está llena de parientes y amigos, una organización invisible pero sin brechas decide cada movimiento, el director de la funeraria acata las órdenes de mi padre, la remoción del ataúd se hace de acuerdo con las indicaciones de mi tío el mayor. Alguna que otra vez los parientes llegados a último momento adelantan una reivindicación destemplada; los vecinos, convencidos ya de que todo es como debe ser, los miran escandalizados y los obligan a callarse. En el coche de duelo se instalan mis padres y mis tíos, mis hermanos suben al segundo, y mis primas condescienden a aceptar a alguno de los deudos en el tercero, donde se ubican envueltas en grandes pañoletas negras y moradas. El resto sube donde puede, y hay parientes que se ven precisados a llamar un taxi. Y si algunos, refrescados por el aire matinal y el largo trayecto, traman una reconquista en la necrópolis, amargo es su desengaño. Apenas llega el cajón al peristilo, mis hermanos rodean al orador designado por la familia o los amigos del difunto, y fácilmente reconocible por su cara de circunstancias y el rollito que le abulta el bolsillo del saco. Estrechándole las manos, le empapan las solapas con sus lágrimas, lo palmean con un blando sonido de tapioca, y el orador no puede impedir que mi tío el menor suba a la tribuna y abra los discursos con una oración que es siempre un modelo de verdad y discreción. Dura tres minutos, se refiere exclusivamente al difunto, acota sus virtudes y da cuenta de sus defectos, sin quitar humanidad a nada de lo que dice; está profundamente emocionado, y a veces le cuesta terminar. Apenas ha bajado, mi hermano el mayor ocupa la tribuna y se encarga del panegírico en nombre del vecindario, mientras el vecino designado a tal efecto trata de abrirse paso entre mis primas y hermanas que lloran colgadas de su chaleco. Un gesto afable pero imperioso de mi padre moviliza al personal de la funeraria; dulcemente empieza a rodar el catafalco, y los oradores oficiales se quedan al pie de la tribuna, mirándose y estrujando los discursos en sus manos húmedas. Por lo regular no nos molestamos en acompañar al difunto hasta la bóveda o sepultura, sino que damos media vuelta y salimos todos juntos, comentando las incidencias del velorio. Desde lejos vemos cómo los parientes corren desesperadamente para agarrar alguno de los cordones del ataúd y se pelean con los vecinos que entre tanto se han posesionado de los cordones y prefieren llevarlos ellos a que los lleven los parientes.

Julio Cortázar

 

posted by Ainhoa on 1:40 p. m. under

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El retrato de Dorian Gray (Prefacio)


El artista es el creador de las cosas bellas.
Revelar el arte y ocultar al artista es la meta del arte.
El crítico es el hombre que puede interpretar de una u otra manera su impresión de las cosas bellas.
Tanto la más alta como la más baja forma de crítica son una forma de autobiografía.
Los que dan un significado feo a las cosas bellas son personas defectuosas.
Los que dan un significado bello a las cosas bellas tienen una personalidad cultivada. Para ellos hay esperanza.
No hay libros morales ni libros inmorales.
Los libros están bien escritos o mal escritos. Eso es todo.
El siglo XIX tiene aversión al realismo porque siente rabia de ver reflejada en él su propia cara.
La vida moral del hombre forma parte de los temas que trata el artista, pero la moralidad del arte consiste en el uso perfecto de un medio imperfecto. Ningún artista desea probar nada. Todas las cosas ciertas se pueden probar.
Ningún artista tiene simpatías éticas. Una simpatía ética en un artista es un imperdonable amaneramiento de estilo.
Ningún artista es morboso. El artista puede expresarlo todo.
El pensamiento y la palabra son para el artista los instrumentos del arte.
El vicio y la virtud son para el artista los materiales del arte.
Desde el punto de vista de la forma, el oficio modelo es el de músico.
Desde el punto de vista del sentimiento el oficio modelo es el de actor.
Todo el arte es a la vez superficial y simbólico. Los que buscan bajo lo superficial lo hacen a su propio riesgo. Los que intentan comprender comprender sólo lo simbólico, también lo hacen a su propio riesgo. Es al espectador y no a la vida a quien el arte refleja realmente.
La diversidad de opiniones acerca de un trabajo artístico nos demuestra que el trabajo es nuevo, completo y vital.
Cuando los críticos no tienen la misma opinión que el artista, es que está de acuerdo consigo mismo.
Nosotros podemos perdonar al hombre que hace una cosa útil, mientras no la admire. La única excusa para hacer una cosa inútil es admirarla intensamente.
Todo arte es completamente inútil.

 

posted by Ainhoa on 12:14 p. m. under

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Tratado de la melancolía




"Las perturbaciones causadas por la melancolía son, en su mayor parte, tristes y terribles, y entre ellas la desconfianza, duda, reticencia o desesperanza, a veces airadas y a veces divertidas en apariencia, por medio de una risa falsa y un tanto sardónica, según el humor que es causante de esta diversidad. Los que están tristes y pensativos, lo deben a ese humor melancólico (...). En su mayor parte, este se sitúa en el bazo y con sus vapores molesta al corazón y, subiendo al cerebro, ofrece a la fantasía la visión de objetos terribles para el entendimiento, que el juicio toma tal y como las presenta el instrumento afectado, entregándolas al corazón, que no posee juicio para discernir en sí mismo, sino que da crédito al error del cerebro y estalla en esa emoción excesiva contra la razón."
Autor: Timothy Bright
Publicado en el año 1586.

 

posted by Ainhoa on 11:21 a. m. under

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Nada - Carmen Laforet


Nada, de Carmen Laforet, es una de las novelas más hermosas y más tristes que he leído nunca.
La historia es sencilla: las ilusiones de una muchacha se desvanecen al enfrentarse a la realidad de una familia violenta, desestructurada, extraña y pasional. Una familia a la que apenas conoce y que la acoge en su piso de Barcelona, un lugar tétrico y tenso donde gobierna la falsa moral y la locura acecha en cada rincón.
Pero en Barcelona también está Ena, su compañera en la Facultad de Letras, bonita y libre, que se convertirá en su mejor amiga.
Y Pons, Iturdiaga, Guísols, Pujol, y el Arte y la conversación.
Y el choque inevitable y dramático entre los dos mundos.
Y la búsqueda. La búsqueda de algo que tal vez no sea nada.
El descubrimiento de cosas que tal vez no signifiquen nada.
Nada. O eso creía ella entonces.

 

posted by Ainhoa on 11:22 a. m. under ,

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Cuestionario Proust

El Cuestionario Proust parece ser uno de los métodos más eficaces para conocer la personalidad de uno. Lleva el nombre del autor francés porque él fue el primero en contestarlo. No sé hasta qué punto responder a esta serie de preguntas puede dar una idea exacta de la personalidad, pero sin duda es divertido hacerlo.

Aquí van mis respuestas:

-¿Cuál es el principal rasgo de tu carácter?
El inconformismo.
-¿Qué cualidad deseas en un hombre?
Que sea un buen conversador.
-¿Qué cualidad deseas en una mujer?
Lo mismo.
-¿Qué es lo que más aprecias en tus amigos?
Que no me juzguen.
-¿Cuál es tu principal defecto?
La cabezonería.
-¿Cuál es tu ocupación favorita?
Leer.
-¿Cuál es tu sueño de felicidad?
Dedicarme a la vida contemplativa
-¿Cuál sería tu mayor desgracia?
Perder a mi hermano pequeño.
-¿Quién te gustaría ser?
Una versión mejorada de mí misma.
-¿En qué país te gustaría vivir?
Francia
-¿Cuál es tu color favorito?
Amarillo
-¿Cuál es tu flor favorita?
Girasol
-¿Y tu pájaro preferido?
No tengo pájaro preferido; nunca le he prestado demasiada atención a los pájaros.
-Tus autores favoritos en prosa.
Virginia Woolf, Paul Auster, Jane Austen, Milan Kundera, Cortázar, Marguerite Duras, Flaubert, Chejov
-Tus poetas preferidos.
E.E. Cummings, Cortázar
-Tus héroes de ficción.
Benjamin Sachs
-Tus heroínas de ficción
La tía Augusta
-Tus compositores favoritos.
John Frusciante, Gustav Mahler
-Tus pintores preferidos.
Modigliani, Hopper, Georgia O´Keefe
-¿Quiénes son tus héroes en la vida real?
Che Guevara, todos aquellos que se cuestionan el poder establecido y se atreven a alzarse contra él.
-¿Y tus heroínas?
Simone de Beauvoir, Mary Kingsley
-¿Cuáles son tus nombres favoritos?
Lucas, Óliver, Marina, Tristán
-¿Qué es lo que más detestas?
La intransigencia
-¿Qué figuras históricas detestas?
Franco, Torquemada, todos los Reyes y Reinas y todos los Papas que ha habido a lo largo de la Historia.
-¿Cuál es el hecho militar que más admiras?
Ninguno.
-¿Qué don de la naturaleza desearías poseer?
Cantar bien.
-¿Cómo te gustaría morir?
Mientras duermo.
-¿Cuál es tu estado de ánimo actual?
Optimista.
-¿Qué faltas te inspiran más indulgencia?
Las de juventud.
-Tu lema:
Día que pasa, no vuelve (heredado de mi padre).

 

posted by Ainhoa on 8:21 p. m. under

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Simone de Beauvoir (1908 - 1986)


Hoy, mi admirada Simone de Beauvoir hubiera cumplido cien años.
Nació en París el 9 de enero de 1908 en el seno de una familia burguesa que no tardaría mucho en desmoronarse a causa de unas malas inversiones llevadas a cabo por su padre, Georges de Beauvoir. La ruina los llevó a la exclusión de la clase social a la que habían pertenecido hasta entonces, y al padre le condujo directamente al alcohol y las protitutas, algo que su madre, católica convencida, soportó con abnegación.
Simone, rebelándose contra todos, estudió Filosofía en la Sorbona, donde conoció a Jean Paul Sartre, con quien compartiría el resto de su vida (nunca se casaron, ni siquiera vivieron juntos). Su relación, basada en la libertad individual, fue considerada un escándalo en su época; son conocidas las múltiples infidelidades que ambos sufrieron por parte del otro, algo que era aceptado por los dos y que nunca puso en peligro su relación.
Simone de Beauvoir fue profesora de Filosofía, profesión que abandonó en 1943 para dedicarse en exclusiva a la escritura.
Gracias a su obra El segundo sexo, publicada en 1949, se convirtió en una de las figuras más destacadas del feminismo a nivel mundial.
Entre sus novelas destacan Los Mandarines (1954), mi favorita, sin duda, con la que ganó el prestigioso Premio Goncourt, La invitada (1943), Todos los hombres son mortales (1946) o Las bellas imágenes (1966). Otra de mis favoritas es La mujer rota (1968), que está compuesta en realidad por tres historias independientes: La edad de la discrección, Monólogo y La mujer rota.
Todas su literatura está influenciada, por supuesto, por los postulados del existencialismo: la libertad, la acción y la responsabilidad individual.
También escribió sus memorias, publicadas en cuatro volúmenes, que constituyen un testimonio excepcional de una forma de ver y vivir la vida también excepcional, coherente con los propios pensamientos, audaz, apasionada y libre.

 

posted by Ainhoa on 8:16 p. m. under

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Metáforas de calor humano

"Deseo hablar con metáforas de calor, de fuego, de barreras que se derriten ante pasiones irresistibles. Soy consciente de lo ampulosos que pueden sonar estos términos, pero al final creo que son exactos. Todo había cambiado para mí, y palabras que nunca había comprendido, súbitamente empezaron a tener sentido. Aquello fue una revelación, y cuando finalmente tuve tiempo de absorberla, me pregunté cómo había podido vivir tanto tiempo sin aprender aquella sencilla verdad. No estoy hablando de deseo tanto como de conocimiento, del descubrimiento de que dos personas, a través del deseo, pueden crear algo más poderoso de lo que ninguna de ellas podría crear sola. Ese conocimiento me transformó, creo, e hizo que me sintiera más humano. Al pertenecer a Sophie, empecé a sentir como si perteneciera a todos los demás. Resultó que mi verdadero lugar en el mundo estaba más allá de mí mismo, y si estaba dentro de mí, también era ilocalizable. Era el diminuto espacio entre el yo y el no yo, y por primera vez en mi vida vi esta nada como el centro exacto del mundo."

Paul Auster
La habitación cerrada
Imagen: La novia del viento, de Oskar Kokoschka

 

posted by Ainhoa on 7:57 p. m. under ,

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Smashing Pumpkins Disarm video

Cuando escucho esta canción todo a mi alrededor parece gris, y frío, y veo cómo el viento se enfurece, y a veces llueve y todo este despropósito está dentro de mi cabeza y yo nunca quiero que termine y pongo esta canción una y otra vez y miro a través de la ventana el paisaje que yo misma he creado, inagotable.

 

posted by Ainhoa on 2:30 p. m.

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Sobreviviendo a la Navidad

Hacía mucho tiempo que no pasaba casi quince días seguidos bajo el mismo techo que mis padres y mis hermanos. Acabo de regresar, viva y afortunadamente con pocos rasguños. Ha sido cuestión de ser invisible a ratos, de comportarme como la versión de mí misma que debe de habitar en alguna dimensión paralela, aquella que nunca se marchó del pueblo, de retirarme a mi habitación a tiempo y de no trastocar su rutina más allá de lo que pueda hacerlo la Navidad, que eso no es culpa mía. Y la cuestión es que todo ha salido bien y lo he disfrutado como no pensaba que pudiera hacerlo, a pesar de algún encontronazo puntual con uno de mis hermanos (sin consecuencias dramáticas), que algo había que hacer para dejar bien claro que no somos la Familia Corazón y que tampoco nos gustaría serlo. Porque, aunque la distancia hace que a veces lo olvide, nosotros somos ruidosos y excesivos, y expresamos nuestras opiniones a grito pelado y aunque no discrepemos seguiremos gritando porque así nos entendemos mejor. El primer día casi me da un ataque al corazón, tan descolocada como me sentía de repente; hoy me ha dado mucha pena despedirme de ellos, la misma que me dio ayer despedirme de Las Chungas, que son las mejores, con las que he pasado quince días de cafés, juergas, conversaciones interminables y niños, porque sí, algunas de ellas se han convertido recientemente en mamás, lo que me convierte en tía, en la tía Ainhoa, como le dice Álvaro, el marido de Raquel a su hija Daniela, haciendo que la tía Ainhoa se emocione al escucharlo.
Y ahora estoy de vuelta en Madrid, sintiéndome dueña de nuevo de mi espacio y mi tiempo, que ya sé que es una ilusión, pero de ilusión también se vive o quizá sea eso precisamente de lo que trata todo este lío extraño de la vida, quizá no sea nada más que ilusión, en un sentido u otro, que cada uno elija el que más le convenga.

 

posted by Ainhoa on 2:08 p. m. under

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Quizá la más querida - Julio Contázar



Me diste la intemperie,
la leve sombra de tu mano
pasando por mi cara.
Me diste el frío, la distancia,
el amargo café de medianoche
entre mesas vacías.




 

posted by Ainhoa on 2:23 p. m. under

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Nick Drake - Pink Moon


Pink Moon es el título de último álbum que Nick Drake publicó en vida. Apenas necesitó dos noches para grabarlo, dos noches de luna rosa en las que no existió nada más que su voz, su guitarra y un breve piano. El resultado son diez canciones que se suceden con la levedad de un susurro a través de una voz que te toca con dulzura, a veces con temor, que no se pierde entre sofisticados arreglos.
Cuando escribió estas canciones estaba sumido en una profunda depresión. Dicen que podía permanecer sentado durante horas, mirando a través de la ventana. Dicen que se le trababan las palabras. "Sí, no puedo pensar en palabras. No siento ninguna emoción respecto a nada. No puedo reír ni llorar. " Dicen que cuando terminó de grabar Pink Moon dijo: "Ya no tengo nada más que decir". Dicen que se suicidó, pero también dicen que todo fue una terrible equivocación. Ocurrió el veinticinco de noviembre de mil novecientos setenta y cuatro. Tenía veintiséis años.

 

posted by Ainhoa on 2:12 p. m. under

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Las palabras

Ahora que ando inmersa en la escritura de una novela me ha dado por pensar mucho en las palabras, sobre todo en la palabra escrita, en su poder. Por ejemplo, después de escribir la anterior entrada de este blog, la dedicada a Dallas, los recuerdos se han vuelto más intensos. Parece que escribiendo soy capaz de acercarme más a la esencia de las cosas, es como vivir dos veces, o una, pero de una forma más intensa. Hay ocasiones en las que hasta que no pongo por escrito mis ideas o convicciones no puedo dibujar sus contornos, y permanecen en mi cabeza con la forma informe de una nebulosa de la que no soy plenamente consciente. Pero no es sólo lo que uno escribe, sino también lo escrito por otros, aquello en lo que te reconoces, aquello que se intuía que estaba dentro de uno, pero que era incapaz de distinguir hasta entonces. Decía Marcel Proust que "todo lector es, cuando lee, el propio lector de sí mismo. La obra del escritor no es más que una especie de instrumento óptico que ofrece al lector para permitirle discernir aquello que, sin ese libro, él no sería capaz de ver de sí mismo". No podría estar más de acuerdo.

 

Dallas



El mes pasado hizo diez años que regresé de Dallas, donde viví durante un año. Es curioso, pero durante estos diez años no ha habido un solo día en el que no haya recordado algo de aquella experiencia, aunque sea en forma de ráfaga luminosa apenas reconocible. Y digo luminosa porque Dallas es así. El sol, pocos días ausente, lanza sus rayos furiosos contra las inmensas fachadas de cristal de los rascacielos, y éstas reverberan y deslumbran, como un ídolo hipnotizador. La luz, el calor pegajoso, el invierno fugaz. Las calles sin aceras, porque Dallas es una ciudad pensada para los coches en la que caminar resulta extravagante. Y los centros comerciales, apabullantes, coloridos, ruidosos, fuente absurda de diversión absurda que aquí estamos importando con ilusión. Las carreteras, seis carriles en cada sentido, cientos de restaurantes de comida rápida reclamando la atención desde los lados con gigantescos carteles. Everything is big in Texas, todo es grande en Texas, uno de sus lemas más famosos. El otro, Don´t mess with Texas, es decir, ni se te ocurra meterte con Texas. Sorprende la amable simplicidad de sus habitantes, orgullosos de ser lo que son, de su acento arrastrado, de sus sombreros de cow-boy y sus camisas de flecos, que cantan el himno nacional emocionados, en los rodeos, en los partidos de baloncesto, en los partidos de lo que sea, con la mano en el corazón (o la mano en el sombrero y el sombrero en el corazón). Allí los chicos te piden citas y te sacan a bailar, como me contaba mi abuela que hacían en sus tiempos. Allí hay discotecas a las que es mejor no ir si no quieres acabar con una bala alojada en tu cuerpo, porque sólo en la puerta de las bibliotecas te piden que dejes el arma de fuego fuera. Quizá en las iglesias también lo hagan, pero es que nunca fui a misa en Dallas. En los cines lo que se pide es que, por favor, sea tan amable de quitarse el sombrero para que los que tiene detrás puedan ver. Y en los supermercados las cajeras (casi siempre mujeres, cincuentonas, rubias, con los dedos llenos de anillos y exceso de rimmel en las pestañas) te preguntan qué tal estás hoy, how are you doing today?, con su acento arrastrado, con su amabilidad aparentemente inocente y sincera ocultando la obligación que es para ellas tratar bien al cliente. Qué me importaban a mí sus razones, sus motivos ocultos. Aquellas señoras me hacían sentir bien. Porque yo estaba lejos de los míos, y sólo tenía veintiún años y no tenía ni idea de quién era y estaba allí, en el corazón de una ciudad de cristal, huraña y feota, de la que lo único que sabía antes de ir era que en ella tenía un rancho J.R. y que en sus calles habían asesinado a Kennedy. Con el tiempo aprendí muchas cosas más, de ella, de mí, (sobre todo de mí) y ahora, cuando echo la vista atrás, ya no me parece tan huraña y tan feota sino un lugar capaz de devolverme cada día unos recuerdos que me ayudan a tomar impulso para seguir adelante.


 

posted by Ainhoa on 6:03 p. m. under ,

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Jardín de Invierno


Soy un libro de nieve,
una espaciosa mano, una pradera,
un círculo que espera,
pertenezco a la tierra y a su invierno.

Pablo Neruda

 

posted by Ainhoa on 5:25 p. m. under

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El oficio de criticar

Hoy he leído un artículo en el que se cuestionaba la utilidad de los críticos literarios, a quienes se llegaba a emparentar con Mefistófeles, es decir, el mismísimo demonio. Al final, supongo que por aquello de que el maniqueísmo no está muy bien visto, se les perdonaba la vida alegando que gracias a sus valoraciones (las de los críticos) se rompe el acuerdo que parece existir entre el ego del autor y la avaricia del editor (me pregunto dónde quedamos aquellos que escribimos sin ni siquiera tener un editor) o que por su gusto exquisito lleguen a nuestras manos pequeñas joyas literarias que de otra forma quedarían perdidas en el lodazal de los best sellers. Este artículo me ha recordado la conversación que, a raíz de las malas críticas que obtuvo el concierto de Marilyn Manson, mantuvimos Paco y yo. Nosotros también nos preguntamos para qué servían los críticos, especialmente los críticos musicales. Porque la música es algo personal e intransferible, es pura sensación, es elevación, es la creencia en lo abstracto, en la libertad y sí, depende del gusto de cada uno. El gusto, esa cosa tan difícil de acotar (y mira que lo intentan), es la clave de todo esto. Imagino que si a mí me mandan a hacer una crítica de un concierto de Alejandro Sanz no coincidiría con la opinión de sus fans, porque aborrezco a Alejandro Sanz, su voz me produce la misma sensación desagradable que la de una uña arañando una pizarra y encuentro sus letras de una banalidad insultante, pero entiendo que eso es cosa de mi gusto, de mi sensibilidad, y no por eso se va a convertir en una verdad universal. Me viene a la mente aquella escena de "El club de los poetas muertos" en la que el profesor obliga a sus alumnos a arrancar las hojas de un libro en el que se pretendía medir la calidad global de una poesía colocando la perfección del poema en la línea horizontal de un gráfico y su importancia en la vertical. Es como querer atrapar las estrellas y encerrarlas en una urna de cristal. Nadie te puede decir si está bien o mal sentir lo que cada uno siente al escuchar una melodía, una voz o un ritmo, por mucho que lo intenten, porque hubo un tiempo en el que yo creía que me tenían que gustar ciertos artistas o ciertos grupos para encajar, para completarme, para poder hablar. Cuando descubrí que había música que me hacía vibrar de verdad, que me golpeaba el estómago con fuerza, me di cuenta de que hay pocas cosas en esta vida que puedan superar eso, aunque mis artistas favoritos no encabecen listas estúpidas y manipuladas. Como dice el artículo, por fortuna el crítico predica en el desierto, o si no Dan Brown trabajaría de aparcacoches (que por mí podría hacerlo, pero lo dicho, es cuestión de gustos) y Marilyn Manson de cajero en un supermercado (y yo me hubiera quedado sin disfrutar de su concierto).

 

DECÁLOGO DEL ESCRITOR, por Javier Cercas

Publicado en La Vanguardia, estos diez mandamientos comienzan así:

Primero. Recuerda que la única forma posible de éxito consiste en escribir el mejor libro que puedes escribir, ese libro que antes de terminar de escribir ni siquiera imaginabas que podías llegar a escribir. No busques ninguna otra forma de éxito: que sea ella la que te busque a ti. Si te pilla, no tengas miedo y haz como si no pasara nada.

Segundo. No escribas para tu madre. Ni para tu padre. Ni para tu novia. No escribas para tus amigos. No escribas para tus enemigos (sobre todo no los odies: el odio, lo dijo Michael Corleone, no te permite juzgarlos). Ni se te ocurra escribir para los críticos. Ni para los editores ni para los agentes ni por supuesto para esa abstracción llamada lector, que, como su propio nombre indica, no existe. Ni siquiera escribas para ti mismo. Escribe para un Dios impecablemente omnisciente, que sabe incluso cuándo estás tratando de engañarlo. Y entonces se ríe con una carcajada horripilante.

Tercero. No olvides que escribir una frase consiste en resolver un problema que la siguiente frase vuelve a plantear. Ni que escribir un libro consiste en lo mismo. Desconfía de la facilidad. No intentes ser inteligente ni sabio ni profundo ni gracioso ni divertido (por Dios santo, no intentes ser gracioso ni divertido: que lo sea el libro). Que el libro sea mucho mejor que tú, que no eres más que un pobre hombre, como todo el mundo. Dedícate a otra cosa en cuanto notes que escribes tratando de quedar bien. No olvides que escribir consiste en reescribir, es decir: en averiguar qué es lo que estaba dentro de ti sin que tú lo supieras.

Cuarto. Huye como de la peste de las frases bonitas, de las palabras bonitas, de quienes escriben con mayúscula la palabra arte, la palabra artista, la palabra obra, la palabra belleza, sobre todo la palabra belleza. Huye de todo lo que suene remotamente a literatura; la literatura es lo que nunca, ni siquiera remotamente, suena a literatura: suena sólo a verdad.

Quinto. Resérvate el miedo que tengas (y ya sé que tienes un miedo espantoso) para la vida, y destiérralo como sea en cuanto te sientes a escribir, para que aparezca entero y verdadero en tus libros, que son lo que de verdad eres. Recuerda que este oficio no es para cobardes, pero recuerda también que el valiente no ese el que no tiene miedo, sino el que tiene miedo y se aguanta y luego embiste y va a por todas.

Sexto. Escribe como si estuvieras muerto y recordaras o inventaras (da lo mismo) cuanto te ocurrió a ti o a otros, igual que si quisieras materializar un espejismo, igual que si contra toda evidencia te hubieras convencido de que, en el momento en que consigas materializarlo, lo que te ocurrió a ti o a otros se volverá más real que lo real, que a fin de cuentas no es nada. Recuerda, por cierto, que no hay nada más importante que la literatura, excepto la vida.

Séptimo. Cultiva tus obsesiones, tus vicios, tu locura y, con moderación, tu cordura; cultiva tus perplejidades, tus pasiones (las altas y las bajas, sobre todo las bajas), tu gusto intransferible (el bueno y el malo, sobre todo el malo), y no olvides reírte con alegre fiereza de ti mismo. Recuerda que tus defectos son también tus virtudes: ni harto de vino rechaces un elogio, porque -esto no lo dijo Michael Corleone, sino La Rochefocauld, pero para el caso es lo mismo- quien rechaza un elogio es porque quiere dos. Y, sobre todo, por nada del mundo te resignes a sentir envidia de un colega o a hablar mal de él: es una confesión de inferioridad.

Octavo. Léelo todo, relee sólo lo más íntimo (pero relee mucho), escribe lo que te salga de las entrañas -por decirlo con una palabra distinguida-, y publica sólo lo que no puedas no publicar. A menos que hayas decidido suicidarte o te hayas perdido por completo el respeto a ti mismo o los acreedores te amenacen con la cárcel o el potro de tortura, no tengas prisa por publicar.

Noveno. Si escribes con ordenador, hazme caso y presiona de vez en cuando el icono Guardar, y no escatimes en copias de seguridad: más que nada para ahorrarte hacer el mamarracho ante ti mismo con la imaginación masoquista y vilmente halagadora de que acabas de perder para siempre la frase o el párrafo o la página que te iba a justificar; si escribes a mano, tienes una posibilidad menos de hacer el mamarracho, así que es preferible que escribas a mano. Este mandamiento es el penúltimo, pero debería ser el segundo.

Décimo. Recuerda (este mandamiento es el último, pero debería ser el primero) no hacer caso jamás de ningún decálogo. Empezando por éste y acabando por el que tú mismo establezcas el día que un periódico decida que eres un escritor de éxito y te entreviste para que improvises un decálogo del escritor de éxito.

 

posted by Ainhoa on 12:56 a. m. under

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ABRO A LA MAÑANA... Pier Paolo Pasolini


Abro a la mañana de un blanco lunes
la ventana, y la calle indiferente
roba entre su luz y sus rumores
mi presencia infrecuente entre las hojas.
Este moverme...en días totalmente
fuera del tiempo que parecía consagrado
a mí, sin regresos ni paradas,
espacio lleno todo de mi estado,
casi prolongación de la existencia
mía, de mi calor, del cuerpo mío...
y se ha truncado... Estoy en otro tiempo,
un tiempo que dispone sus mañanas
en esta calle que yo miro, ignoto,
en esta gente fruto de otra historia.

(Versión de Delfina Muschietti)


Pier Paolo Pasolini nació en Bolonia en 1922 y murió en Ostia en 1975, asesinado por un joven que declaró haberlo hecho porque Pasolini le proponía mantener relaciones sexuales, algo que no convenció a gran parte de los italianos que siempre han creído que el gobierno estaba implicado. Por entonces se había convertido en un intelectual muy respetado y desde las altas esferas se podrían haber movido los hilos necesarios para deshacerse de un personaje tan incómodo. Porque Pier Paolo Pasolini fue novelista, poeta, ensayista, y dramaturgo, aunque su faceta más conocida sea la de director de cine, y utilizó todos estos medios para desestabilizar el gobierno italiano de la época.
A pesar de que aquí, en España, apenas se conoce su trabajo teatral, hace varios años tuve la suerte de interpretar el papel de Mª Rosa en su obra Calderón, en la sala Cuarta Pared, y desde entonces tengo la extraña sensación de deberle algo, algo hermoso y brillante.

 

posted by Ainhoa on 1:47 p. m. under

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Beryl Markham


"Desde mi llegada al África Oriental Británica a la edad indiferente de cuatro años, donde pasé mi primera juventud cazando cerdos salvajes descalza con los nandi, luego amaestrando caballos de carreras para ganarme la vida y poco después sobrevolando Tanganika y las tierras de breña áridas, entre los ríos Tana y Athi en busca de elefantes, me he sentido tan felizmente provinciana que era incapaz de hablar con inteligencia sobre el aburrimiento de la vida hasta que fui a vivir un año a Londres. El aburrimiento, como la anquilostomiasis, es endémico."

Beryl Markham
Al oeste con la noche

Beryl Markham (1902-1986) fue una pionera de la aviación, la primera persona en cruzar el Atlántico de este a oeste en solitario.
Al oeste con la noche es el título del libro en el que plasmó su fascinante vida y del que Ernest Hemingway dijo en una carta a Maxwell Perkins: " Está tan bien, tan maravillosamente bien escrito, que me avergüenzo de mí como escritor"

 

posted by Ainhoa on 2:30 p. m. under

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Marilyn Manson





Ayer fui a ver el concierto que Marilyn Manson dio en Madrid y, obviando el hecho de que duró apenas hora y media y de que se marchó sin despedirse dejándonos a todos un poco desconcertados y con cara de tontos, he de decir que fue un espectáculo genial. Algunos dicen que ya no es lo que era, que ya no "da miedo". Puede ser. Supongo que está en su derecho y quizá ya no le interesa tanto asustar al personal como demostrar que es un gran cantante, más allá de su imagen desafiante. Quizá ha decidido que ha llegado el momento de prestarle más atención al contenido que a la forma, algo que, teniendo en cuenta los tiempos que corren, abonados sin remedio a la banalidad, puede resultar incluso más trasgresor que una caracterización grotesca. Aún así el show no estuvo exento de parafernalia gótica y de alguna que otra provocación como la quema de una Biblia encaramado en un púlpito, pero lo que realmente queda es la energía que transmite, su voz y su figura imponente llenando el escenario.

 

posted by Ainhoa on 6:18 p. m. under

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RHCP Venice Queen: Live at Slane Castle

Hace poco os comenté que un amigo me había regalado el dvd "Live at Slane" de Red Hot Chili Peppers. Ese mismo amigo me ha otorgado la (muy respetada por él) categoría de "friki", eso sí, no soy una friki en el más amplio sentido de la palabra porque según él, para eso todavía me queda mucho: de momento (y siempre según él) sólo soy una "friki de John Frusciante". En fin, que sí, que creo que tiene razón (y esto a mi edad no puede ser nada bueno). Aquí os dejo la interpretación que hicieron en ese concierto de "Venice Queen", uno de mis temas favoritos de los Red Hot Chili Peppers.

 

posted by Ainhoa on 6:01 p. m.

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Barbapapa


Hace un par de años, en una librería de París, encontré los libros de la familia Barbapapa, que fueron mis favoritos durante mi niñez. Nunca tuve uno que fuera mío, pero los leí tantas veces en la biblioteca de mi pueblo que cuando los abrí en aquella librería parisina no me sorprendí demasiado al comprobar que todavía recordaba las historias y muchos de los detalles de las ilustraciones. Compré dos, en francés, no pude resistirme; de vez en cuando me gusta ojearlos y hay veces en las que siento una especie de vértigo cuando, a través de esos personajes, parece que pudiera regresar a la biblioteca de la Plaza Esperanza, con la bibliotecaria Pilar y su gesto adusto mandándonos callar incluso cuando no abríamos la boca, y aquel olor pesado, como de humedad y polvo y tinta y sudor. Y aunque la infancia nunca me ha parecido ese lugar precioso al que regresar, un viajecito relámpago de vez en cuando no está tan mal.

 

posted by Ainhoa on 6:07 p. m. under

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Hannah y sus hermanas: Nadie, ni siquiera la lluvia...

Esta es mi película favorita de Woody Allen. Quizá lo sea porque , de su filmografía, es la primera que vi hace un millón de años ya, no lo sé. Lo que sé es que me gusta el humor que en ella exhibe, pero sobre todo me gusta su sensibilidad. Y ésta es, sin duda, mi escena favorita. Nobody, not even the rain has such small hands (nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas).

 

posted by Ainhoa on 2:02 p. m.

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La velocidad de la luz, de Javier Cercas


Esta es una novela que habla de lo absurdo de la guerra, de lo absurdo del éxito, de la literatura misma y su poder clarificador, del descenso a los infiernos y de la culpa, sobre todo de la culpa.

La historia comienza a finales de los años ochenta, cuando un aspirante a novelista se convierte en profesor de español en la Universidad de Urbana, una fría ciudad del Medio Oeste norteamericano. Allí conoce a Rodney Falk, un tipo reservado, de apariencia huraña, admirador de Hemingway y veterano de la guerra de Vietnam, con el que tendrá que compartir despacho. Poco a poco nacerá entre ellos una buena amistad, hasta que después de las vacaciones de Navidad Rodney, inexplicablemente, desaparece. Acude a su casa en busca de respuestas y allí conocerá a su padre quien, además de hablarle del efecto transformador que la guerra ejerció en su hijo, le entregará las cartas que éste le envió desde Vietnam.

El protagonista abandona Urbana un par de años después sin haber vuelto a saber de Rodney; regresa a Barcelona, se casa, se convierte en padre de un niño y en un novelista de éxito, pero esas cartas siempre estarán presentes en su vida, una especie de obsesión de la que no logra librarse. Varias veces trata de convertir la historia de su amigo en una novela, pero fracasa en el intento: hay piezas que no encajan, demasiados cabos sueltos que le atormentan.

No desvelaré más detalles de la historia para no fastidiar a aquellos que todavía no la han leído. Sólo diré que no perdáis la oportunidad de leer esta fantástica novela.

 

posted by Ainhoa on 7:23 p. m. under ,

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Postales


Me gusta encontrar en mi buzón, entre la consabida propaganda colorista y absurda, y las cartas del banco, las postales que algunos de mis amigos me envían de sus viajes, sobre todo Fenosa, que siempre se acuerda de mí, por muy lejos que esté. Las guardo todas en un cajón (no tengo paciencia para elaborar una colección ordenada y pulcra), y me encanta mirarlas y releer esas frases escuetas que encierran emoción ante lo desconocido y de alguna forma, el deseo de compartir un soplo de esa experiencia con la persona que, con una sonrisa, recibirá esa postal.

 

posted by Ainhoa on 10:35 a. m. under

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Auster, Frusciante, Baricco, Grohl y The Jam

Ayer fue un gran día. Por la tarde recibí un paquete de mi amigo Pelayo con la novela gráfica que Paul Karasik y David Mazzucchelli hicieron basada en Ciudad de cristal, una de las novelas que forma parte de La trilogía de N.Y., de Paul Auster, eso sí, he de devolvérsela; pero el paquete también incluía,para mí, y sólo para mí, Seda de Alessandro Baricco y un libro-homenaje a Paul Auster elaborado por la Editorial Anagrama. Además, el dvd Skin and Bones de Foo Fighters y el dvd Live at Slane de Red Hot Chili Peppers, que habré visto unas cuatro veces en menos de veinticuatro horas, y es que no me canso de ver a mi adorado John Frusciante, cuatro, cuarenta y cuatrocientas veces.
Y por la noche fui con mi novio al concierto que The Jam dio en la Joy y que estuvo genial aunque un poco corto para mi gusto, apenas hora y media, que supo a poco, pero que disfrutamos como locos, a pesar de la ausencia de Paul Weller. Hicieron un repaso de sus clásicos dejándose aún así unos cuantos como That´s entertainment o Private Hell para mi disgusto (lo mismo me ocurrió con Moby hace un par de años, cuando pasó de tocar Extreme ways). En cualquier caso el concierto mereció la pena, por escuchar esas canciones en directo, por el ambiente que crearon y porque siempre me alegra comprobar que a pesar del paso de los años, el aumento de responsabilidades, la alopecia, la flacidez carnal y la barriguita, hay gente que no resigna a deshacerse de todo aquello que en su juventud les hizo felices, y no lo digo por los Jam precisamente, a los que el escenario rejuvenece sin duda, sino por una parte muy grande del público que no se cansaba de corear las canciones, de saltar, aplaudir y sonreír, como si hubieran atrapado en un instante la esencia misma de su juventud. Y es que la música es así de generosa.

 

posted by Ainhoa on 4:40 p. m. under

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Madrid-Canadá


Hoy estoy contenta porque mi blog ha cruzado el charco. Hace unos días un amable caballero canadiense me dejó un comentario en el post sobre Ofelia. Por supuesto le devolví la visita escribiendo unas palabritas en el suyo, que eso siempre se agradece. Hoy, haciendo un barrido por mis blogs favoritos, me he encontrado con la sorpresa de que el amable caballero canadiense, de nombre Davis Bigelow, me nombra y recomienda mi blog en la última entrada del suyo, algo que a mí y a mi ego nos ha hecho mucha ilusión. Por si os interesa echarle un vistazo, la dirección del suyo es: http://davisbigelow.blogspot.com/

In case you visit this spot again, Davis, thank you for your words; it´s always rewarding to know that what you write can be of some interest to someone (even though those language barriers).

 

posted by Ainhoa on 10:50 a. m. under

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