En casa de Jamie Oliver

Aranjuez
Christian Bale es John Connor
Londres (Portobello Road)
Londres (Fachadas)
Juno
A pesar de que Juno se queda embarazada con dieciséis años, su personaje no es el de una adolescente descerebrada. Juno es inteligente, irónica, graciosa y también dulce. Se ha quedado embarazada demasiado joven, sí, pero se enfrenta a ello con valentía. No permite que los demás la manejen y exhibe su embarazo por los pasillos del instituto con dignidad, recurriendo a la insolencia cuando no le queda más remedio.
La película tiene la virtud de no convertirse en un drama sobre la juventud perdida o la pérdida de la juventud.
En algún sitio leí que era una película antiabortista, pero no creo que sea tan pretenciosa. Simplemente, es un caso concreto sobre una chica en concreto contado con una mezcla de humor y ternura bastante acertados a través de unos personajes muy bien definidos y unos diálogos agudos. Me encanta cuando Juno le dice a Bleeker (el padre del bebé) algó así como eres el tío más guay que he conocido nunca y ni siquiera tienes que esforzarte, y él, con su carita de lelo, le dice, no creas, de hecho me esfuerzo bastante.
The body, de Stephen King
Las partículas elementales, de Michel Houellebecq
Michel, uno de los hermanos, científico, bulímico y célibe, trata de explicar el comportamiento humano reduciéndolo a esas partículas elementales de las que habla el título. Expone sus teorías, (aquí personaje, narrador y autor son uno) y hace visibles unas cuantas evidencias. Porque sí, todo está ahí, pero estamos demasiado ocupados para darnos cuenta. O quizá es que nos da demasiado miedo tomárnoslo en serio.
Las partículas elementales es una novela trabada a la que le sobra sexo y le falta un poco de sentido del humor (no creo que pretendiera ser gracioso con los comentarios racistas y misóginos de Bruno, el otro hermano) por lo que a veces resulta demasiado asertiva y panfletaria, pero te hace pensar, así que gracias por el regalo, Jesús.
John Frusciante - Unreachable (The Empyrean)
Ayer, después de varios días de espera, por fin recibí el nuevo cd de John Frusciante, The Empyrean. Son diez canciones fascinantes. Algunas siguen la línea de trabajos anteriores como Inside the emptiness o The will to death; otras son una auténtica sorpresa, como Before the beginning. Pocos artistas se atreverían a abrir un álbum con una canción como esta que, a pesar del título (Antes del comienzo), suena a despedida, a final de película aunque, pensándolo bien, ¿no hay muchas películas que terminan justo cuando las vidas de los personajes se han vuelto más interesantes? Bien, pues eso es lo que The Empyrean ofrece, la oportunidad de ir un paso más allá, de saber, de disfrutar de aquello que hasta ahora parecía inalcanzable, unreachable, como el título del tema que os dejo. El último minuto de la canción es glorioso.
Desierto recibe el premio Symbelmine
Gaby, desde su blog http://piezasdeaocho.blogspot.com/ , ha decidido otorgarme este premio y yo, la verdad, es que me he quedado sin palabras (bueno, casi). Muchas gracias, Gaby.
Dice Gaby que este premio se otorga a los blogs con los cuales sentimos que hemos establecido un lazo, reconociendo su trabajo y como un motivo más para estrechar los lazos ya existentes, para que así no nos olvidemos de los que hacen que cada día queramos seguir haciendo lo que hacemos.
Ahora está en mi mano entregar este premio a siete blogs. And the winners are:
Desconvencida ( http://desconvencida.blogspot.com/ ) porque casi cada día encuentro en su blog poemas, canciones, fragmentos de libros maravillosos y un millón de cosas más.
Paco ( http://lasangredellimaco.blogspot.com ) , porque le quiero y porque es un pintor genial y porque así puede que se anime a subir las fotos de sus últimas obras.
Gelu y su blog Construye y disfruta ( http://geluwolf.blogspot.com/ ) porque seguro que le encanta recibir un premio creado por un tolkieniano.
Jesús ( http://elcowboyurbano.blogspot.com/ ), porque es un pedazo de escritor con una imaginación que para mí la quisiera; en su blog podéis encontrar algunos de sus relatos.
Lilith y su blog El sueño de Danae(http://chusitablog.blogspot.com/), que es una locura porque ella está loca y a mí me encanta.
Davis Bigelow (http://davisbigelow.blogspot.com/ ), el blog de un escritor canadiense que está a punto de publicar el primer volúmen de su libro de historias basadas en su infancia, que transcurrió en un faro.
http://capricestfini.blogspot.com/, un blog en el que siempre encuentro textos muy muy interesantes.
Y para todos los premiados, aquí están los requisitos que hay que cumplir.
-Escribir una entrada en la que se muestre el premio recibido y en la que hay que enlazar el blog que te lo otorgó.
-Elegir siete blogs o webs que quieras premiar, enlazarlos en el blog y notificarlo con un comentario a los elegidos.
-Opcional: Mostrar el premio de modo permanente en tu blog.
Alice Munro
Nieve en el parque
posted by Ainhoa on 11:25 a. m. under Fotografía, Residuos, Un poco de todo
El jugador
Sergio Hernández-Ranera dice que, de vivir hoy, Dostoievski sería el más heavy. Y no le falta razón. En su obra "El jugador" , escrita en muy pocas semanas bajo la presión de un agente bastante rastrero al parecer, deja en evidencia al sempiterno colectivo social compuesto por personas que solo tienen imagen y muy poco contenido. Personas que se llenan la boca de fórmulas decorosas mientras sus manos emponzoñadas se afanan en amontonar dinero fácil sin importar los métodos utilizados para conseguirlo. Y entre ellos se cuela Alexei Ivanovich, tutor de los hijos de un general al que solo le quedan las medallas. Ivanovich es insolente, cotilla, descarado, pobre y sin reparos a la hora de reconocerlo, lo que hará más evidente la hipocresía del resto.
La novela tiene un ritmo atolondrado, un lenguaje directo y como siempre en Dostoievski, los personajes se debaten entre la salvación y la miseria más miserable. Y todo es cuestión de un segundo, un milímetro o un leve parpadeo.
"El jugador" no es "Crimen y castigo", su lectura no te lleva a la extenuación, pero tiene momentos memorables y la presencia de Antonida Vasilievna Tarasevicheva no tiene precio.
De propina, un vídeo dedicado al más heavy.
Si no se llamaran Navidad...
Ya está. Ya pasó. A la Navidad me refiero. Ha estado bien. Me he reído mucho. Incluso he podido disfrutar de la nieve. Pero aun así, son días que tienen un regusto angustioso, que me aturden. Los disfruto pero quiero que pasen rápido. Será que mi padre ya no tiene la misma alegría que antes. Será que tengo que contestar a las mismas preguntas un millón de veces. Será que en casa de mis padres, aunque todavía tengo mi habitación, ya no la siento como propia. Será este maldito resfriado. Y toda esa gente que ya no está. Sobre todo ellos. Por eso prefiero acordarme de vosotras, y de la jaula de la discoteca, y de la pequeña Daniela y su peluca verde, y de las teorías sobre la endogamia que tanto dieron de sí. Y es que, pensándolo bien, han sido unos días muy divertidos. Es solo que si no se llamaran Navidad…
2008
Podía hacer balance de los hechos que no necesitan grandes alardes lingüísticos para ser comprendidos. Este año me fui de vacaciones a Rumanía. E hice un par de escapadas, a Lanzarote y al Cabo de Gata. Eso todo el mundo lo entiende. Sigo escribiendo mi novela. He comenzado con el capítulo catorce. No, no sé cuántos capítulos va a tener. Esto también se entiende sin problema. Y no, de momento no estoy buscando trabajo. Bueno, esto a veces no se entiende, pero no porque el lenguaje sea complicado, sino porque hoy en día resulta difícil concebir que alguien pueda estar en paro y no preocuparse por ello. Yo lo elegí, no te preocupes, que todavía tengo ahorros suficientes para sobrevivir con cierta holgura. Esto es lo que le tengo que recordar a mi madre cada vez que sale el tema, aunque ni así consigo que deje de angustiarse.
Ese es un balance fácil de hacer. Es casi una enumeración salpicada de comentarios hechos con más o menos gracia.
Pero hay otro tipo de balances, otros hechos, los que de verdad quisiera poder contar, que más que hechos son sensaciones, a pesar de que me han llevado en volandas a través de estos doce meses. Ha sido mucho el tiempo que he tenido para mí, para pensar, para leer, para escribir, para escuchar música, para disfrutar de mi soledad. Por mucho que haya sido lo más significativo y enriquecedor que me ha ocurrido en años, encuentro demasiado complicado revisitar todas esas emociones y volcarlas en este espacio, explicar lo que han supuesto para mí. Lo he intentado, pero exponerme de esa forma me resultaba demasiado violento. Así que al final he optado por la cobardía de condensarlas en verbos que, a pesar de la dimensión de su significado, así, en abstracto, parecen vulgares, ajados. Pensar, leer, escribir, escuchar música, disfrutar de mi soledad.
"Alta Fidelidad", de Nick Hornby
Polly
Polly fue secuestrada, torturada y violada. Ocurrió en Tacoma, en junio de 1987.
Kurt Kobain quiso entrar en la mente del secuestrador, torturador y violador a través de esta canción. Canta como si fuera él. Polly quiere una galleta. A Polly le duele la espalda. Polly quiere agua. Canta como si fuera él, pero no acabo de creérmelo. Su voz lo delata. Es demasiado delicada. Además, Kurt libera a Polly. Y eso no ocurrió en la realidad. Kurt hizo que el raptor creyera que su víctima disfrutaba con el martirio que estaba sufriendo, hizo que bajara la guardia y Polly pudiera huir. Kurt era un buen chico.
Seda
Rayuela capítulo 7 (voz de Julio Cortázar). His voice.
Dejaré que hoy hable él.
Tu Vuo' Fa L'Americano - The Talented Mr Ripley
Hay una serie de películas que no puedo evitar ver si las encuentro en la televisión por casualidad. No importa las veces que haya visto "Billy Elliot", "Cadena perpetua", "Sleepers", "El indomable Will Hunting", "Descubriendo a Forrester" o "El talento de Mr. Ripley", me quedaré hasta que terminen. Lo raro es que cuando pienso en mis películas favoritas, no son las primeras que me vienen a la cabeza, pero aún así hay algo en ellas que me engancha.
Por ejemplo, en las últimas dos semanas he visto "El talento de Mr. Ripley" un par de veces en uno de los canales de Digital+, y sé que la volveré a ver si la vuelvo a encontrar. No lo puedo evitar.
Aquí os dejo una de las escenas menos asfixiantes de la película.
Departures
Personajes
After Dark
El cementerio alegre
Bucarest
Por el momento Bucarest es tomada como ciudad de partida de la ruta hacia el castillo donde se supone (pero nadie puede afirmar) que habitó Vlad Tepes, el voivoda valaco que inspiró el personaje de Bram Stoker. Qué error más grande. Porque ese castillo es anodino y nada terrorífico y además está lleno de gente mientras que Bucarest permanece sentada en un rincón para no molestar, pero con deseos de ser aceptada entre las chicas bonitas, como una muchacha tímida en un baile. Y para ello se pavimentan calles, se mejora la red de metro, se restauran basílicas y se pintan las fachadas de esos palacetes que hicieron que un día se refirieran a ella como la París del Este. Yo le doy unos cinco años para que comience a estar incluida en esos terribles circuitos que te arrastran de los pelos con tu beneplácito a través de diez ciudades en apenas unos pocos días. Estoy segura de que en cinco años escucharé a la gente cacarear sus virtudes, referirse a su belleza con emoción. ¡Qué bonito! ¡Qué fácil!, exclamaré. Y me enfadaré, y diré que yo estuve allí cuando nadie la quería, recorrí sus calles, infatigable, entre zanjas, baches y un tráfico endemoniado; busqué su belleza y la encontré, ¡claro que la encontré! y además por entonces, diré también, la cerveza era baratísima.
Plenitud de fin
"El amor por la belleza es inseparable del sentimiento de la muerte. Pues todo lo que cautiva nuestros sentidos con escalofríos de admiración nos eleva a una plenitud de fin, que no es otra cosa sino el deseo abrasador de no sobrevivir a la emoción. ¡La belleza sugiere una imagen de inanidad eterna! Venecia o los crepúsculos parisienses nos invitan a un fin perfumado, en el cual la eternidad parece haberse detenido en el tiempo."
Daniel Mordzinski - El fotógrafo y el escritor
Borges en blanco y negro, de perfil, sentado pero apoyado a pesar de todo en su bastón. Una mano le indica hacia dónde mirar aunque me temo que sin voz es un gesto inútil. Creo que él ya no puede ver.
En una foto cercana está su buen amigo Bioy Casares, también con las manos apoyadas en su bastón. Bioy tiene la mirada triste, como si no quisiera dejarse fotografíar. Me resulta incómodo observar esa imagen durante más de cinco segundos, pero persisto, por si la sensación es pasajera o resulta engañosa, pero no lo es.
Es más fácil observar a Javier Cercas de pie en el centro de una piscina redonda de plástico, con el agua por las rodillas, leyendo un libro. A Juan Goytisolo o a Octavio Paz, tan dignos ellos. O la falsa modestia de Vargas Llosa, que cubre su rostro con unas manos muy cuidadas. También el exhibicionismo egocéntrico y divertido de Enrique Vila-Matas, que abre su gabardina con ademán osceno para mostrar varias copias de una fotografía suya colgando en el interior.
Hay a quienes muestra trabajando, como a Eduardo Berti, que está tomando notas en un cementerio que parece salido de Pedro Páramo; o a Julio Llamazares, en su estudio, rodeado de libros, de cuadernos, descalzo, con su hijo (imagino que es su hijo) tratando de cerrar la puerta para preservar la intimidad creativa de su padre; a Arturo Pérez Reverte, que está de espaldas en lo que parece, por su frialdad, el escritorio de una habitación de hotel.
Me gustaron especialmente las manos ajadas de Miguel Delibes, y las de Marifé Santiago Bolaños, que sujetan un libro escrito por ella. Sólo manos, no hay rostros en estas fotografías. También me gustó ver a Ricardo Piglia en una estación cuyos trenes no parecían llevar muy lejos. Y a Quim Monzó en plan mesiánico en un parking inquietante. A Rosa Montero, tan hermosa, tan consciente de sí misma. A Francisco Ayala, anciano y entrañable hasta las lágrimas.
Eran tantos...
Calor
Durante estos días de intenso calor, mi vida ha transcurrido como en una película de Eric Rohmer, como si no pasara nada en apariencia pero en realidad estuviera ocurriendo de todo. Al menos dentro de mi cabeza, que es donde ocurren las cosas más significativas. Porque, como ya he señalado varias veces en entradas anteriores, soporto muy mal el calor, me quedo sin fuerzas y no puedo pensar con claridad. Así que lo que hago es encerrarme en casa con mi fiel aire acondicionado, (como mucho salgo a comprar el pan o a dar algún paseo tempranero), y me entrego con pasión a actividades que requieren un mínimo esfuerzo físico. Leo, libros de viajes principalmente (qué forma más maravillosa de ir lejos, muy lejos), veo alguna película (Viaje a Darjeeling, una recomendación que vino desde Capri , es con la que más he disfrutado) o escucho millón y medio de veces seguidas Bleeding me (“I am the beast that feeds the feast”). Eso es lo que hago, recluirme con mis obsesiones y mis paranoias, más feliz que Zaplana en un centro de bronceado. Pero ahora que parece que las temperaturas han comenzado a bajar me encuentro con esta duda existencial: ¿de verdad quiero que este calor se consuma a sí mismo y desaparezca para volver a tener un cierto control sobre mi persona, o prefiero que se quede y así poder utilizarlo como excusa perfecta para seguir encerrada en mi casa y en mi cabeza, escenarios ideales ambos de una existencia diseñada a medida de mis desvaríos?
Un estado de ánimo
Pero Marrakech no es así, no es de las que se planta delante de uno para ofrecerse con descaro y efectivas poses. Ella se muestra poco a poco y nunca por completo.
Primero te pone a prueba en la medina, con sus calles angostas y repletas de gente, de motocicletas, de vendedores ambulantes, de burros que tiran de carros llenos de cualquier cosa susceptible de ser transportada, de tenderetes sobrecargados. Después, piensas que la ciudad te está tomando el pelo porque ninguna de que esas calles conduce a monumentos fastuosos ni a opulentas mezquitas ni a grandes avenidas, sino que te conducen a ellas mismas, a su bullicio de colores y abalorios, una y otra vez. Y sigues caminando, y tropezando y tratando de esquivar las motocicletas que se abalanzan sobre ti sin miramientos hasta que te detienes en un puesto de frutos secos y compras unas nueces; después contemplas el colorido de los pañuelos que se exhiben en la tienda de al lado, el de las babuchas, el de las cuentas de los collares, el de las alfombras que cubren las paredes, acaricias un bolso de cuero repujado, paras en otro puesto y tomas un zumo de naranja…
Entonces entiendes que todo está ahí, en ese plato de cous-cous, en el té con hojas de menta, en los encantadores de serpientes y las tatuadoras que tatúan con henna en la plaza Djemaa el Fna, en el jardín de naranjos, en la silueta que la Menara dibuja en el horizonte al atardecer, en la tienda de artesanía que tienes que atravesar si quieres llegar a las tumbas Saadies, en Abdelhadi y la mañana que pasamos en su casa compartiendo té y vivencias, en el desayuno frente a la Koutubia.
Eduardo Jordá escribió que Dublín es para él un estado de ánimo que le resulta muy grato. Cuando lo leí, pensé que a mí me ocurría lo mismo con Marrakech.
Un otoño con Auster y Murakami
A principios del próximo mes, Anagrama publicará Un hombre en la oscuridad, la última novela de Paul Auster lo que, por supuesto, ya ha provocado la aparición de varios artículos en los medios culturales e incluso en los que no lo son.La risa del senegalés
Llegó justo cuando terminábamos de desayunar. El restaurante, en comparación con el resto del hotel, tenía un desconcertante aire moderno gracias a un mínimo mobiliario en rojo y negro. La habitación en la que habíamos pasado la noche también era minimalista, pero de una forma mucho más áspera. Las paredes estaban pintadas en un tono verde desvaído, las baldosas del suelo eran rugosas y estaban descoloridas. En el baño la luz no paraba de temblar, el grifo del lavabo goteaba y el agua tenía un color pardo un tanto sospechoso. Afortunadamente, las camas no eran del todo incómodas.
A las cinco de la mañana, tal vez las seis, el almuecín entona la llamada a la oración. Me despierto sin saber muy bien dónde estoy, empapada en sudor. Él también se despierta. Salimos al balcón envueltos en las sábanas. Ante nosotros se extiende una ciudad destartalada en la que no sabemos si los edificios están a medio construir o se están derrumbando. Vemos a un mendigo que dormía en una acera dirigirse al centro de la calle, con paso lento, y colocarse en dirección a la Meca para comenzar el rezo. Entonces nos miramos y sonreímos, casi con vergüenza, porque empezamos a comprender que la palabra injusticia va a perder definitivamente su carácter abstracto y porque, a pesar de todo, nos gusta estar allí, en ese balcón, escuchando la llamada doliente a los fieles, envueltos en un calor pegajoso, tan lejos de Madrid, tan diferentes y libres, y con la extraña sensación de estar un poco más cerca de lo que queremos ser.
Como ya he dicho, vino a buscarnos cuando estábamos terminando de desayunar. Era un senegalés delgado y fibroso, de unos cuarenta años, que nos sorprendió con su castellano casi perfecto y sus movimientos precisos. Su voz era tosca, sonaba desgastada, pero te miraba a los ojos al hablar. No tardamos mucho en descubrir su carácter alegre y lo mucho que le gustaba reír.
A lo largo de aquellos días, mientras recorríamos las carreteras, que en realidad eran caminos de arcilla llenos de baches y charcos que parecían lagunas, nos contó infinidad de historias. Era un hombre orgulloso y presumía de sus días de luchador; decía pertenecer a una tribu de hombres fuertes y ágiles, e incluso, aseguró, había llegado a luchar con leones. También había estado en Madrid e insistía en que las nuevas barriadas que se estaban construyendo en Dakar se parecían mucho a las de Majadahonda, tratando de maquillar de esta forma el evidente atraso de su país. En esas situaciones no me manejo demasiado bien (el sentimiento de culpa del occidental) y no me atreví a decirle que no hacía falta, que nadie les estaba acusando de nada. ¿Acaso se les podía acusar de algo? También nos habló del carácter sagrado del baobab y de los poderes curativos de su fruto, el pan de mono. Manifestó sin pudor su odio hacia los franceses así como la admiración que sentía por Léopold Sédar Senghor, poeta senegalés que llegó a ser el primer presidente de la república tras independizarse de Francia. Historias y más historias, algunas creíbles; las otras, las que no lo eran tanto, eran las más divertidas.
Con él recorrimos Dakar, sus mercados, sus calles descompuestas. Nos presentó a comerciantes y artistas, todos igual de risueños y orgullosos. Viajamos en piragua entre los manglares del delta del Siné-Saloum, visitamos el Lago Rosa, la Isla de las Conchas y la de Goreé, donde nos explicó que no sudaba porque no comía grasa y apenas bebía, y allí estábamos nosotros, medio muertos, sudando años de embutidos y cocidos.
Recuerdo una tarde en un campamento de casas de adobe, a orillas del mar, donde tuvimos que esperar varias horas a que en un poblado cercano dieran permiso para poner en marcha el generador de luz y agua. Nos sentamos fuera de nuestra cabaña rojiza, en el suelo, mientras anochecía y una suave brisa refrescaba el ambiente. No recuerdo exactamente de qué hablamos, pero sí recuerdo su risa, efusiva y afable, y la nuestra, más comedida. También recuerdo que pensé que quizá Senegal no tuviera grandes monumentos y seguramente sus paisajes fueran de los más discretos de África, pero en ese momento marginal, todavía sucios por la arcilla del camino, con las primeras estrellas asomando en el cielo, aquel lugar me pareció el más hermoso del planeta.
El credo de Paul Bowles
Master of Puppets y unas entradas para la ópera
El jueves pasado cumplí treinta y tres años. Yo siempre había creído que moriría joven pero, como dice mi amado con ese humor suyo, eso ya no puede ser.Elephant

Rincones y cosas
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Espejo 21:30
Después de mucho trabajo, muchas reuniones con mis compañeros y muchas rondas de cerveza, aquí está Espejo 21:30, un libro compuesto por treinta y nueve relatos (ocho de ellos escritos por una servidora) y un prólogo en forma de cuento, que podéis adqurir a través de nuestra página web (agotado en librería).
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