Juno


El otro día vi Juno. Es una película divertida y tierna, con puntos muy buenos (además, me gustó ver de nuevo a Jason Bateman, a quien creo que no había visto en ninguna serie o película desde La familia Hogan).
A pesar de que Juno se queda embarazada con dieciséis años, su personaje no es el de una adolescente descerebrada. Juno es inteligente, irónica, graciosa y también dulce. Se ha quedado embarazada demasiado joven, sí, pero se enfrenta a ello con valentía. No permite que los demás la manejen y exhibe su embarazo por los pasillos del instituto con dignidad, recurriendo a la insolencia cuando no le queda más remedio.
La película tiene la virtud de no convertirse en un drama sobre la juventud perdida o la pérdida de la juventud.
En algún sitio leí que era una película antiabortista, pero no creo que sea tan pretenciosa. Simplemente, es un caso concreto sobre una chica en concreto contado con una mezcla de humor y ternura bastante acertados a través de unos personajes muy bien definidos y unos diálogos agudos. Me encanta cuando Juno le dice a Bleeker (el padre del bebé) algó así como eres el tío más guay que he conocido nunca y ni siquiera tienes que esforzarte, y él, con su carita de lelo, le dice, no creas, de hecho me esfuerzo bastante.

 

posted by Ainhoa on 12:06 p. m. under

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The body, de Stephen King


Mi mejor amiga dice que lee a Stephen King para relajarse. Yo lo intenté una vez, no con la esperanza de relajarme, sino con la de pasar de la página veinte, porque los libros y las películas de terror son algo de lo que procuro mantenerme alejada. Soy muy miedosa, pero como también tenía vértigo y acabé haciendo bungy jumping en Las Vegas, me dije que quizá era cuestión de probar. No dio resultado. No pasé de la página veinte y ni siquiera recuerdo el título de aquel patético intento de superar los momentos infantiles de sudor y pinchazos en la nuca cuando, tratando de conciliar el sueño, creía sentir que alguien me tocaba la cabeza a pesar de tenerla cubierta por sábanas y mantas.
Pero hace poco vi un documental sobre la vida de Stephen King y me pareció un tipo muy interesante. Además de hablar de su obsesión por contar historias ya desde la infancia, de su disciplina como escritor aun en los tiempos en los que ejercía de profesor en un instituto y de encargado en una lavandería además de esposo y padre, de cómo se enfrentaba a todos esos críticos que se dedican a escupir sobre sus novelas etc, en el documental se hablaba de las decenas de adaptaciones cinematográficas que se han hecho de sus obras. Entre ellas está Cuenta conmigo, basada en un relato suyo titulado The body y dirigida por Rob Reiner. El señor King me estaba cayendo tan bien que sentí unas ganas tremendas de encontrar ese relato y leerlo. Bueno, me estaba cayendo muy bien y sabía que no me iba a morir de miedo leyéndolo porque había visto la película.
Lo encontré en Las cuatro estaciones II (otoño e invierno) y esta mañana lo he terminado. Es un cuento (más bien una novela) muy duro sobre la amistad de cuatro chavales con unas vidas terribles que parten en busca de un cadáver con la esperanza de convertirse en héroes en su comunidad. Hacía mucho que no lloraba con un libro. Si no fuera por mi terror al terror, sin duda me haría fan de Stephen King.

 

posted by Ainhoa on 11:22 a. m. under ,

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Las partículas elementales, de Michel Houellebecq


Las partículas elementales es un análisis apocalíptico de la sociedad occidental post 68. A través de las angustiosas existencias de dos hermanastros que fueron criados por sus respectivas abuelas (su madre andaba saboreando las mieles de la liberación), Houellebecq habla de vacío, del aburrimiento finisecular, del consumismo, de la crueldad humana, del individualismo, la soledad, la autocompasión y especialmente del miedo a envejecer, ya que estos dos personajes sienten que son demasiado viejos desde la infancia.
Michel, uno de los hermanos, científico, bulímico y célibe, trata de explicar el comportamiento humano reduciéndolo a esas partículas elementales de las que habla el título. Expone sus teorías, (aquí personaje, narrador y autor son uno) y hace visibles unas cuantas evidencias. Porque sí, todo está ahí, pero estamos demasiado ocupados para darnos cuenta. O quizá es que nos da demasiado miedo tomárnoslo en serio.
Las partículas elementales es una novela trabada a la que le sobra sexo y le falta un poco de sentido del humor (no creo que pretendiera ser gracioso con los comentarios racistas y misóginos de Bruno, el otro hermano) por lo que a veces resulta demasiado asertiva y panfletaria, pero te hace pensar, así que gracias por el regalo, Jesús.

 

posted by Ainhoa on 12:10 p. m. under ,

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John Frusciante - Unreachable (The Empyrean)

Ayer, después de varios días de espera, por fin recibí el nuevo cd de John Frusciante, The Empyrean. Son diez canciones fascinantes. Algunas siguen la línea de trabajos anteriores como Inside the emptiness o The will to death; otras son una auténtica sorpresa, como Before the beginning. Pocos artistas se atreverían a abrir un álbum con una canción como esta que, a pesar del título (Antes del comienzo), suena a despedida, a final de película aunque, pensándolo bien, ¿no hay muchas películas que terminan justo cuando las vidas de los personajes se han vuelto más interesantes? Bien, pues eso es lo que The Empyrean ofrece, la oportunidad de ir un paso más allá, de saber, de disfrutar de aquello que hasta ahora parecía inalcanzable, unreachable, como el título del tema que os dejo. El último minuto de la canción es glorioso.

 

posted by Ainhoa on 1:37 p. m.

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Desierto recibe el premio Symbelmine

Gaby, desde su blog http://piezasdeaocho.blogspot.com/ , ha decidido otorgarme este premio y yo, la verdad, es que me he quedado sin palabras (bueno, casi). Muchas gracias, Gaby.
Dice Gaby que este premio se otorga a los blogs con los cuales sentimos que hemos establecido un lazo, reconociendo su trabajo y como un motivo más para estrechar los lazos ya existentes, para que así no nos olvidemos de los que hacen que cada día queramos seguir haciendo lo que hacemos.
Ahora está en mi mano entregar este premio a siete blogs. And the winners are:

Desconvencida ( http://desconvencida.blogspot.com/ ) porque casi cada día encuentro en su blog poemas, canciones, fragmentos de libros maravillosos y un millón de cosas más.
Paco ( http://lasangredellimaco.blogspot.com ) , porque le quiero y porque es un pintor genial y porque así puede que se anime a subir las fotos de sus últimas obras.
Gelu y su blog Construye y disfruta ( http://geluwolf.blogspot.com/ ) porque seguro que le encanta recibir un premio creado por un tolkieniano.
Jesús ( http://elcowboyurbano.blogspot.com/ ), porque es un pedazo de escritor con una imaginación que para mí la quisiera; en su blog podéis encontrar algunos de sus relatos.
Lilith y su blog El sueño de Danae(http://chusitablog.blogspot.com/), que es una locura porque ella está loca y a mí me encanta.
Davis Bigelow (http://davisbigelow.blogspot.com/ ), el blog de un escritor canadiense que está a punto de publicar el primer volúmen de su libro de historias basadas en su infancia, que transcurrió en un faro.
http://capricestfini.blogspot.com/, un blog en el que siempre encuentro textos muy muy interesantes.

Y para todos los premiados, aquí están los requisitos que hay que cumplir.
-Escribir una entrada en la que se muestre el premio recibido y en la que hay que enlazar el blog que te lo otorgó.
-Elegir siete blogs o webs que quieras premiar, enlazarlos en el blog y notificarlo con un comentario a los elegidos.
-Opcional: Mostrar el premio de modo permanente en tu blog.

 

posted by Ainhoa on 3:42 p. m.

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Alice Munro


Alice Munro es mi primer descubrimiento literario del año y se lo debo a Elena, que me habló de esta escritora canadiense durante una reunión de la facción rosa de El Espejo (la azul ese día nos había abandonado).
Apenas he leído dos relatos de los incluídos en su libro Escapada, pero no necesito más para saber que, dada mi naturaleza obsesiva, en cuanto termine con esta obra me lanzaré a leer todo lo que pueda encontrar de ella.
La acción de las dos historias transcurre en pequeños pueblos canadienses cuya atmósfera se describe de una forma tan precisa que uno llega a sentir frío y abandono, y el deseo de huir. Porque en ese paisaje tan duro habitan mujeres que tratan de capear la aspereza de la vida como pueden, huyendo por ejemplo. Y es que estos dos relatos tienen muchas cosas en común, como pueden tenerlas dos hermanos, pero cuando terminas de leerlos te das cuenta de que en el fondo son muy distintos.


 

posted by Ainhoa on 10:18 a. m. under ,

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Nieve en el parque


Pues sí, este es el parque que hay enfrente de mi casa, y esta la estampa que pude contemplar desde mi ventana la semana pasada, durante varios días. Aquí no había caos ni rabia, tampoco culpables o acusadores, solo ganas de jugar.

 

El jugador

Sergio Hernández-Ranera dice que, de vivir hoy, Dostoievski sería el más heavy. Y no le falta razón. En su obra "El jugador" , escrita en muy pocas semanas bajo la presión de un agente bastante rastrero al parecer, deja en evidencia al sempiterno colectivo social compuesto por personas que solo tienen imagen y muy poco contenido. Personas que se llenan la boca de fórmulas decorosas mientras sus manos emponzoñadas se afanan en amontonar dinero fácil sin importar los métodos utilizados para conseguirlo. Y entre ellos se cuela Alexei Ivanovich, tutor de los hijos de un general al que solo le quedan las medallas. Ivanovich es insolente, cotilla, descarado, pobre y sin reparos a la hora de reconocerlo, lo que hará más evidente la hipocresía del resto.
La novela tiene un ritmo atolondrado, un lenguaje directo y como siempre en Dostoievski, los personajes se debaten entre la salvación y la miseria más miserable. Y todo es cuestión de un segundo, un milímetro o un leve parpadeo.
"El jugador" no es "Crimen y castigo", su lectura no te lleva a la extenuación, pero tiene momentos memorables y la presencia de Antonida Vasilievna Tarasevicheva no tiene precio.
De propina, un vídeo dedicado al más heavy.

 

posted by Ainhoa on 6:54 p. m. under ,

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Si no se llamaran Navidad...

Ya está. Ya pasó. A la Navidad me refiero. Ha estado bien. Me he reído mucho. Incluso he podido disfrutar de la nieve. Pero aun así, son días que tienen un regusto angustioso, que me aturden. Los disfruto pero quiero que pasen rápido. Será que mi padre ya no tiene la misma alegría que antes. Será que tengo que contestar a las mismas preguntas un millón de veces. Será que en casa de mis padres, aunque todavía tengo mi habitación, ya no la siento como propia. Será este maldito resfriado. Y toda esa gente que ya no está. Sobre todo ellos. Por eso prefiero acordarme de vosotras, y de la jaula de la discoteca, y de la pequeña Daniela y su peluca verde, y de las teorías sobre la endogamia que tanto dieron de sí. Y es que, pensándolo bien, han sido unos días muy divertidos. Es solo que si no se llamaran Navidad…

Fotografía: Nieve en Alfaro - Diciembre 2008

 

posted by Ainhoa on 10:32 a. m. under ,

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2008

Podía hacer balance de los hechos que no necesitan grandes alardes lingüísticos para ser comprendidos. Este año me fui de vacaciones a Rumanía. E hice un par de escapadas, a Lanzarote y al Cabo de Gata. Eso todo el mundo lo entiende. Sigo escribiendo mi novela. He comenzado con el capítulo catorce. No, no sé cuántos capítulos va a tener. Esto también se entiende sin problema. Y no, de momento no estoy buscando trabajo. Bueno, esto a veces no se entiende, pero no porque el lenguaje sea complicado, sino porque hoy en día resulta difícil concebir que alguien pueda estar en paro y no preocuparse por ello. Yo lo elegí, no te preocupes, que todavía tengo ahorros suficientes para sobrevivir con cierta holgura. Esto es lo que le tengo que recordar a mi madre cada vez que sale el tema, aunque ni así consigo que deje de angustiarse.
Ese es un balance fácil de hacer. Es casi una enumeración salpicada de comentarios hechos con más o menos gracia.
Pero hay otro tipo de balances, otros hechos, los que de verdad quisiera poder contar, que más que hechos son sensaciones, a pesar de que me han llevado en volandas a través de estos doce meses. Ha sido mucho el tiempo que he tenido para mí, para pensar, para leer, para escribir, para escuchar música, para disfrutar de mi soledad. Por mucho que haya sido lo más significativo y enriquecedor que me ha ocurrido en años, encuentro demasiado complicado revisitar todas esas emociones y volcarlas en este espacio, explicar lo que han supuesto para mí. Lo he intentado, pero exponerme de esa forma me resultaba demasiado violento. Así que al final he optado por la cobardía de condensarlas en verbos que, a pesar de la dimensión de su significado, así, en abstracto, parecen vulgares, ajados. Pensar, leer, escribir, escuchar música, disfrutar de mi soledad.

 

posted by Ainhoa on 12:36 p. m. under ,

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"Alta Fidelidad", de Nick Hornby


"Me he pasado casi treinta años oyendo a éste, al otro y al de más allá, cantar sobre sus corazones rotos, ¿y me ha servido de algo? Una mierda.
Por eso, puede que lo que dije antes sobre eso de que escuchar demasiados discos termina por arruinarte la vida... puede que, al fin y al cabo, tenga algo de verdad. (...) Me da la impresión de que si pones la música (y los libros posiblemente, y el cine y el teatro, y las cosas que tienen sentimiento y que te hacen sentir) en el centro de tu ser, no podrás aclarar ni en broma tu vida amorosa; no podrás pensar en esa vida amorosa como quien piensa en un producto acabado.
Tendrás que pasarte la vida dándole caña, tendrás que mantenerla viva y revuelta; tendrás que darle caña sin parar, desenmarañarla a cada paso, hasta que se te deshaga entre las manos y te veas obligado otra vez a empezar de cero. A lo mejor es que todos vivimos la vida a una intensidad excesivamente alta, al menos los que pasamos el día entero absorbiendo cosas de alta carga emocional, y es consecuencia lógica que no podamos sentirnos meramente contentos: tenemos que ser infelices, o si no vivir en éxtasis, en un estado de completa felicidad, y esos estados son difíciles de alcanzar dentro de una relación de pareja sólida y estable.
Puede que Al Green sea directamente responsable de más cosas de las que había supuesto."

 

posted by Ainhoa on 10:50 a. m. under

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Polly

Polly fue secuestrada, torturada y violada. Ocurrió en Tacoma, en junio de 1987.
Kurt Kobain quiso entrar en la mente del secuestrador, torturador y violador a través de esta canción. Canta como si fuera él. Polly quiere una galleta. A Polly le duele la espalda. Polly quiere agua. Canta como si fuera él, pero no acabo de creérmelo. Su voz lo delata. Es demasiado delicada. Además, Kurt libera a Polly. Y eso no ocurrió en la realidad. Kurt hizo que el raptor creyera que su víctima disfrutaba con el martirio que estaba sufriendo, hizo que bajara la guardia y Polly pudiera huir. Kurt era un buen chico.

 

posted by Ainhoa on 11:53 a. m.

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Seda


El pasado lunes nos tocó comentar en clase de novela "Seda", de Alessandro Baricco. Hubo opiniones de todo tipo: desde quien creía que era una obra maestra, hasta quien pensaba que era un auténtico fraude. Luego estábamos los que optamos por no ser tan radicales.
Para mí no es de ninguna manera una novela con la que pueda apasionarme. Construída a través de imágenes bellas y silencios repartidos en pequeños párrafos que Baricco denomina capítulos, tiene a pesar de todo algo de superficial que me impide llegar al corazón de la historia. Quizá sea por el personaje protagonista, que es "uno de esos hombres que prefieren asistir a su propia vida y consideran improcedente cualquier aspiración a vivirla". Se desprende tal apatía de Hervé Joncour que no consigo conectar con él.
Baricco dice que quería contar la historia contando los gestos. Solo gestos. Y que le resultó muy difícil hacerlo. No lo dudo, pero el resultado se me antoja demasiado fácil, efectista, artificial.
Aún así tiene frases preciosas ("Llovía su vida, frente a sus ojos, espectáculo quieto") y cuadros bellísimos dibujados con palabras sencillas ("Y en la orilla del lago, tendidos en el suelo, de espaldas, Hara Kei y una mujer con un vestido de color naranja, el pelo suelto sobre los hombros.") y gestos leves que lo dicen todo ("La muchacha levantó ligeramente la cabeza. Por primera vez apartó los ojos de Hervé Joncour y los posó sobre la taza. Lentamente, le dio la vuelta hasta tener sobre los labios el punto exacto en el que él había bebido.") .
Supongo que esperaba más, esperaba que estas 125 páginas me ofrecieran una intensidad mayor. De todas formas, leerlas tampoco ha sido una pérdida de tiempo.

 

posted by Ainhoa on 12:30 p. m. under ,

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Rayuela capítulo 7 (voz de Julio Cortázar). His voice.

Dejaré que hoy hable él.

 

posted by Ainhoa on 10:33 a. m.

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Tu Vuo' Fa L'Americano - The Talented Mr Ripley

Hay una serie de películas que no puedo evitar ver si las encuentro en la televisión por casualidad. No importa las veces que haya visto "Billy Elliot", "Cadena perpetua", "Sleepers", "El indomable Will Hunting", "Descubriendo a Forrester" o "El talento de Mr. Ripley", me quedaré hasta que terminen. Lo raro es que cuando pienso en mis películas favoritas, no son las primeras que me vienen a la cabeza, pero aún así hay algo en ellas que me engancha.
Por ejemplo, en las últimas dos semanas he visto "El talento de Mr. Ripley" un par de veces en uno de los canales de Digital+, y sé que la volveré a ver si la vuelvo a encontrar. No lo puedo evitar.
Aquí os dejo una de las escenas menos asfixiantes de la película.

 

posted by Ainhoa on 1:20 p. m.

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Departures


Hoy, mientras desayunaba, he visto el primer capítulo de una serie emitida en el canal National Geographic titulada "Partir" (el título original es "Departures"). La serie cuenta con doce capítulos en los que dos canadienses, Scott Wilson y Justin Lukach, dejan sus trabajos para dedicarse a recorrer el mundo durante un año. En el episodio de hoy, antes de abandonar su país, deciden conocerlo un poco mejor y para ello viajan de costa a costa en autocaravana.
Canadá nunca me había llamado demasiado la atención, pero tras ver esos paisajes, esos amaneceres y atardeceres que parecen escapar a la comprensión humana, creo que no me importaría perderme por allí. Además, mi amiga Katerina vive en Calgary...
De todas formas, creo que lo que me atrae es esa manera de viajar, sin importar demasiado el destino. Un año en la carretera (me pido el papel de copiloto. Me encanta llevar el mapa sobre las rodillas, señalar los lugares visitados, anticipar los que vendrán y ver cómo se estropea por el uso), lejos de la seguridad que te da lo conocido, con la oportunidad de vivir experiencias que sobresalgan dentro del gris en el que se va convirtiendo la vida poco a poco y sin que te des cuenta. Y es que a mí me estimula eso de sentirme extraña en un lugar porque, una vez arrancado de tu hábitat natural, te expones a que ocurra cualquier cosa y eso es lo verdaderamente emocionante.
Siempre he querido hacer algo así, pero nunca he encontrado a nadie dispuesto a dejar su vida conocida durante un año. Quizá debería comenzar a plantearme la opción de hacerlo yo sola, aunque tenga que sacrificar el papel de copiloto por el de pasajera de avión, tren o autobús (o lo que se tercie).

 

posted by Ainhoa on 11:21 a. m. under

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Personajes


"¡Los personajes! En un día del otoño de 1962, con la ansiedad de un adolescente, fui en busca del rincón en que había "vivido" Madame Bovary. Que un chico busque los lugares en que padeció un personaje de novela es ya asombroso, pero que lo haga un novelista, alguien que sabe hasta qué punto esos seres no han existido sino en el alma de su creador demuestra que el arte es más relevante que la reputada realidad."

Ernesto Sábato.

 

posted by Ainhoa on 7:27 p. m. under

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After Dark


After Dark me ha parecido un libro vacío. Qué decepción. Partiendo de una premisa prometedora, una noche en la que se cruzarán los caminos de varios seres solitarios, lo que recibo en realidad es un montón de nada (si es que la nada se puede amontonar).
La mayoría de los personajes sobran, eso para empezar. Eri y su sueño comatoso, metáfora de sabe Dios qué. La prostituta china y su agresor, ¿a qué viene tanta importancia si luego se acaban perdiendo entre las páginas sin llegar a ningún sitio? Puede que Murakami tan solo nos quisiera mostrar ciertos momentos de la noche, sin importar sus consecuencias, pero si fuera así no era necesario que nos obligara a acompañar al agresor hasta su casa para ser testigos de sus confusas tribulaciones antes de irse a dormir. O no, que el ajetreo de la noche parece que no le va a dejar.
¿Por qué no se centró en Mari y Takahashi? Esos dos personajes, que hacen que la novela brille cada vez que aparecen, se merecían mucho más. Ahí había una historia que se nos ha negado.
A pesar de todo, el buen hacer de Murakami a la hora de crear atmósferas, como la del primer restaurante en el que se encuentran Mari y Takahashi, es evidente. También a la hora de crear personajes, especialmente femeninos. Cuando se es un maestro haciendo algo, se es incluso desganado. Porque sí, eso es lo que me pareció, que Murakami había escrito este libro sin ganas, sin creer demasiado en él.
El narrador adopta el tono de un cronista lejano y pedante que a veces comete el error de introducirse en la cabeza de los personajes. Y es que Murakami no es un escritor muy técnico, pero se le perdona si lo que te cuenta te atrapa y te conmueve. Lamentablemente, este no es el caso.

 

posted by Ainhoa on 12:41 p. m. under ,

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El cementerio alegre




Sapanta es un pequeño pueblo rumano próximo a la frontera con Ucrania que en los últimos años está adquiriendo cierta notoriedad debido a su cementerio. Y eso que en él no hay enterrado ningún Jim Morrison ni ninguna Edith Piaf.
Después de la II Guerra Mundial, el artesano local Stan Ion Patras decidió que el arte funerario necesitaba un poco de alegría y color; que en lugar de lamentar la muerte, había que celebrar la existencia de los que habían dejado de existir. Y sus vecinos estuvieron de acuerdo con él.
El cementerio alegre de Sapanta, el cimiterul vesel, es pequeño. En el centro hay una iglesia que está siendo restaurada y que no podemos visitar. Tampoco nos importa demasiado porque nosotros estamos allí por los muertos, para que nos cuenten su historia.
Las lápidas son de madera y están pintadas de azul. Sobre ellas, talladas, hay inscripciones que hablan, en primera persona, de la vida del difunto, de sus virtudes y sus defectos, que nadie es perfecto, ni siquiera muerto. Algunas también cuentan cómo murieron, como la niña que fue atropellada por un coche al salir de su casa y se pregunta el porqué. Apenas entendemos unas cuantas palabras sueltas pero nos ayudamos de las escenas pintadas sobre la madera.
En ellas vemos al médico, al maestro, al cazador, al lechero, al comunista, a la señora que borda o hace quesos, que cuida de sus hijos, al campesino con su guadaña, a otro con su tractor, al borrachín bailando en el bar y al que imaginamos chulo del pueblo (fallecido no hace mucho) orgulloso de su deportivo rojo. Porque aunque Patras haya muerto, sus discípulos han continuado su obra con el mismo estilo del maestro. Un museo al aire libre en el que la muerte no parece tan triste; ni siquiera tan definitiva.

 

Bucarest







Bucarest se merece un poquito más de atención. Hay que hacerle justicia. Vale que aún tiene la cara sucia y que de vez en cuando se mete el dedo en la nariz, que si te acercas mucho huele como a rancio, pero aún así, creo que de verdad lo está intentando, que se esfuerza por agradar aunque todavía no sepa muy bien cómo hacerlo. Y por eso es ahora cuando deberíamos prestarle un poco más de atención, antes de que se vuelva una ciudad engreída e insolente, como Praga, como Budapest, que se dejan querer por los turistas al tiempo que le dan la espalda a sus habitantes, aquellos que tanto las quisieron aun cuando eran feúchas y estaban despeinadas.
Por el momento Bucarest es tomada como ciudad de partida de la ruta hacia el castillo donde se supone (pero nadie puede afirmar) que habitó Vlad Tepes, el voivoda valaco que inspiró el personaje de Bram Stoker. Qué error más grande. Porque ese castillo es anodino y nada terrorífico y además está lleno de gente mientras que Bucarest permanece sentada en un rincón para no molestar, pero con deseos de ser aceptada entre las chicas bonitas, como una muchacha tímida en un baile. Y para ello se pavimentan calles, se mejora la red de metro, se restauran basílicas y se pintan las fachadas de esos palacetes que hicieron que un día se refirieran a ella como la París del Este. Yo le doy unos cinco años para que comience a estar incluida en esos terribles circuitos que te arrastran de los pelos con tu beneplácito a través de diez ciudades en apenas unos pocos días. Estoy segura de que en cinco años escucharé a la gente cacarear sus virtudes, referirse a su belleza con emoción. ¡Qué bonito! ¡Qué fácil!, exclamaré. Y me enfadaré, y diré que yo estuve allí cuando nadie la quería, recorrí sus calles, infatigable, entre zanjas, baches y un tráfico endemoniado; busqué su belleza y la encontré, ¡claro que la encontré! y además por entonces, diré también, la cerveza era baratísima.

 

posted by Ainhoa on 4:44 p. m. under ,

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Plenitud de fin

"El amor por la belleza es inseparable del sentimiento de la muerte. Pues todo lo que cautiva nuestros sentidos con escalofríos de admiración nos eleva a una plenitud de fin, que no es otra cosa sino el deseo abrasador de no sobrevivir a la emoción. ¡La belleza sugiere una imagen de inanidad eterna! Venecia o los crepúsculos parisienses nos invitan a un fin perfumado, en el cual la eternidad parece haberse detenido en el tiempo."

E. M. Cioran
El ocaso del pensamiento

 

posted by Ainhoa on 10:36 a. m. under

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Daniel Mordzinski - El fotógrafo y el escritor


Hace unos días fui a ver la exposición de fotografía de Daniel Mordzinski en la Casa de América. Esta vez, el objeto de su objetivo son escritores que escriben en español.
Borges en blanco y negro, de perfil, sentado pero apoyado a pesar de todo en su bastón. Una mano le indica hacia dónde mirar aunque me temo que sin voz es un gesto inútil. Creo que él ya no puede ver.
En una foto cercana está su buen amigo Bioy Casares, también con las manos apoyadas en su bastón. Bioy tiene la mirada triste, como si no quisiera dejarse fotografíar. Me resulta incómodo observar esa imagen durante más de cinco segundos, pero persisto, por si la sensación es pasajera o resulta engañosa, pero no lo es.
Es más fácil observar a Javier Cercas de pie en el centro de una piscina redonda de plástico, con el agua por las rodillas, leyendo un libro. A Juan Goytisolo o a Octavio Paz, tan dignos ellos. O la falsa modestia de Vargas Llosa, que cubre su rostro con unas manos muy cuidadas. También el exhibicionismo egocéntrico y divertido de Enrique Vila-Matas, que abre su gabardina con ademán osceno para mostrar varias copias de una fotografía suya colgando en el interior.
Hay a quienes muestra trabajando, como a Eduardo Berti, que está tomando notas en un cementerio que parece salido de Pedro Páramo; o a Julio Llamazares, en su estudio, rodeado de libros, de cuadernos, descalzo, con su hijo (imagino que es su hijo) tratando de cerrar la puerta para preservar la intimidad creativa de su padre; a Arturo Pérez Reverte, que está de espaldas en lo que parece, por su frialdad, el escritorio de una habitación de hotel.
Me gustaron especialmente las manos ajadas de Miguel Delibes, y las de Marifé Santiago Bolaños, que sujetan un libro escrito por ella. Sólo manos, no hay rostros en estas fotografías. También me gustó ver a Ricardo Piglia en una estación cuyos trenes no parecían llevar muy lejos. Y a Quim Monzó en plan mesiánico en un parking inquietante. A Rosa Montero, tan hermosa, tan consciente de sí misma. A Francisco Ayala, anciano y entrañable hasta las lágrimas.
Eran tantos...

 

posted by Ainhoa on 4:40 p. m. under

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Calor

Durante estos días de intenso calor, mi vida ha transcurrido como en una película de Eric Rohmer, como si no pasara nada en apariencia pero en realidad estuviera ocurriendo de todo. Al menos dentro de mi cabeza, que es donde ocurren las cosas más significativas. Porque, como ya he señalado varias veces en entradas anteriores, soporto muy mal el calor, me quedo sin fuerzas y no puedo pensar con claridad. Así que lo que hago es encerrarme en casa con mi fiel aire acondicionado, (como mucho salgo a comprar el pan o a dar algún paseo tempranero), y me entrego con pasión a actividades que requieren un mínimo esfuerzo físico. Leo, libros de viajes principalmente (qué forma más maravillosa de ir lejos, muy lejos), veo alguna película (Viaje a Darjeeling, una recomendación que vino desde Capri , es con la que más he disfrutado) o escucho millón y medio de veces seguidas Bleeding me (“I am the beast that feeds the feast”). Eso es lo que hago, recluirme con mis obsesiones y mis paranoias, más feliz que Zaplana en un centro de bronceado. Pero ahora que parece que las temperaturas han comenzado a bajar me encuentro con esta duda existencial: ¿de verdad quiero que este calor se consuma a sí mismo y desaparezca para volver a tener un cierto control sobre mi persona, o prefiero que se quede y así poder utilizarlo como excusa perfecta para seguir encerrada en mi casa y en mi cabeza, escenarios ideales ambos de una existencia diseñada a medida de mis desvaríos?

 

posted by Ainhoa on 5:57 p. m. under , ,

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Un estado de ánimo


Mi amiga me dice que Marrakech le ha parecido decepcionante. Probablemente sea culpa mía, del entusiasmo con el que se la describí. Quizá por eso mi amiga esperaba encontrarse con una ciudad de belleza fácil, tan evidente como la que posee la ganadora de un concurso de misses.
Pero Marrakech no es así, no es de las que se planta delante de uno para ofrecerse con descaro y efectivas poses. Ella se muestra poco a poco y nunca por completo.
Primero te pone a prueba en la medina, con sus calles angostas y repletas de gente, de motocicletas, de vendedores ambulantes, de burros que tiran de carros llenos de cualquier cosa susceptible de ser transportada, de tenderetes sobrecargados. Después, piensas que la ciudad te está tomando el pelo porque ninguna de que esas calles conduce a monumentos fastuosos ni a opulentas mezquitas ni a grandes avenidas, sino que te conducen a ellas mismas, a su bullicio de colores y abalorios, una y otra vez. Y sigues caminando, y tropezando y tratando de esquivar las motocicletas que se abalanzan sobre ti sin miramientos hasta que te detienes en un puesto de frutos secos y compras unas nueces; después contemplas el colorido de los pañuelos que se exhiben en la tienda de al lado, el de las babuchas, el de las cuentas de los collares, el de las alfombras que cubren las paredes, acaricias un bolso de cuero repujado, paras en otro puesto y tomas un zumo de naranja…
Entonces entiendes que todo está ahí, en ese plato de cous-cous, en el té con hojas de menta, en los encantadores de serpientes y las tatuadoras que tatúan con henna en la plaza Djemaa el Fna, en el jardín de naranjos, en la silueta que la Menara dibuja en el horizonte al atardecer, en la tienda de artesanía que tienes que atravesar si quieres llegar a las tumbas Saadies, en Abdelhadi y la mañana que pasamos en su casa compartiendo té y vivencias, en el desayuno frente a la Koutubia.
Eduardo Jordá escribió que Dublín es para él un estado de ánimo que le resulta muy grato. Cuando lo leí, pensé que a mí me ocurría lo mismo con Marrakech.
Fotografía: Plaza Djemaa el Fna, por la mañana

 

posted by Ainhoa on 12:35 p. m. under

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Un otoño con Auster y Murakami


A principios del próximo mes, Anagrama publicará Un hombre en la oscuridad, la última novela de Paul Auster lo que, por supuesto, ya ha provocado la aparición de varios artículos en los medios culturales e incluso en los que no lo son.
Según he leído, la historia tiene como protagonista a August Brill quien, tras sufrir un accidente, no puede dormir y pasa las noches inventando historias. En una de esas historias nace Owen Brick y a partir de ahí, parece ser que la novela se convierte en dos. Me alegro de que septiembre esté al caer.
Y a principios de octubre, Tusquets publicará After dark, la nueva de Haruki Murakami. Un crítico norteamericano ha dicho de ella que parece haber salido de un cuadro de Edward Hopper. Después de esto yo ya no necesito saber mucho más sobre la trama. De hecho, no quiero saber más; lo que quiero es que llegue el momento de ir a la librería, de comprar la novela, manosearla y olerla antes de disfrutar de unas cuantas tardes de felicidad tumbada en mi sofá.
Si es que por algo el otoño es mi estación favorita...

 

posted by Ainhoa on 12:07 p. m. under

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La risa del senegalés

Llegó justo cuando terminábamos de desayunar. El restaurante, en comparación con el resto del hotel, tenía un desconcertante aire moderno gracias a un mínimo mobiliario en rojo y negro. La habitación en la que habíamos pasado la noche también era minimalista, pero de una forma mucho más áspera. Las paredes estaban pintadas en un tono verde desvaído, las baldosas del suelo eran rugosas y estaban descoloridas. En el baño la luz no paraba de temblar, el grifo del lavabo goteaba y el agua tenía un color pardo un tanto sospechoso. Afortunadamente, las camas no eran del todo incómodas.
A las cinco de la mañana, tal vez las seis, el almuecín entona la llamada a la oración. Me despierto sin saber muy bien dónde estoy, empapada en sudor. Él también se despierta. Salimos al balcón envueltos en las sábanas. Ante nosotros se extiende una ciudad destartalada en la que no sabemos si los edificios están a medio construir o se están derrumbando. Vemos a un mendigo que dormía en una acera dirigirse al centro de la calle, con paso lento, y colocarse en dirección a la Meca para comenzar el rezo. Entonces nos miramos y sonreímos, casi con vergüenza, porque empezamos a comprender que la palabra injusticia va a perder definitivamente su carácter abstracto y porque, a pesar de todo, nos gusta estar allí, en ese balcón, escuchando la llamada doliente a los fieles, envueltos en un calor pegajoso, tan lejos de Madrid, tan diferentes y libres, y con la extraña sensación de estar un poco más cerca de lo que queremos ser.
Como ya he dicho, vino a buscarnos cuando estábamos terminando de desayunar. Era un senegalés delgado y fibroso, de unos cuarenta años, que nos sorprendió con su castellano casi perfecto y sus movimientos precisos. Su voz era tosca, sonaba desgastada, pero te miraba a los ojos al hablar. No tardamos mucho en descubrir su carácter alegre y lo mucho que le gustaba reír.
A lo largo de aquellos días, mientras recorríamos las carreteras, que en realidad eran caminos de arcilla llenos de baches y charcos que parecían lagunas, nos contó infinidad de historias. Era un hombre orgulloso y presumía de sus días de luchador; decía pertenecer a una tribu de hombres fuertes y ágiles, e incluso, aseguró, había llegado a luchar con leones. También había estado en Madrid e insistía en que las nuevas barriadas que se estaban construyendo en Dakar se parecían mucho a las de Majadahonda, tratando de maquillar de esta forma el evidente atraso de su país. En esas situaciones no me manejo demasiado bien (el sentimiento de culpa del occidental) y no me atreví a decirle que no hacía falta, que nadie les estaba acusando de nada. ¿Acaso se les podía acusar de algo? También nos habló del carácter sagrado del baobab y de los poderes curativos de su fruto, el pan de mono. Manifestó sin pudor su odio hacia los franceses así como la admiración que sentía por Léopold Sédar Senghor, poeta senegalés que llegó a ser el primer presidente de la república tras independizarse de Francia. Historias y más historias, algunas creíbles; las otras, las que no lo eran tanto, eran las más divertidas.
Con él recorrimos Dakar, sus mercados, sus calles descompuestas. Nos presentó a comerciantes y artistas, todos igual de risueños y orgullosos. Viajamos en piragua entre los manglares del delta del Siné-Saloum, visitamos el Lago Rosa, la Isla de las Conchas y la de Goreé, donde nos explicó que no sudaba porque no comía grasa y apenas bebía, y allí estábamos nosotros, medio muertos, sudando años de embutidos y cocidos.
Recuerdo una tarde en un campamento de casas de adobe, a orillas del mar, donde tuvimos que esperar varias horas a que en un poblado cercano dieran permiso para poner en marcha el generador de luz y agua. Nos sentamos fuera de nuestra cabaña rojiza, en el suelo, mientras anochecía y una suave brisa refrescaba el ambiente. No recuerdo exactamente de qué hablamos, pero sí recuerdo su risa, efusiva y afable, y la nuestra, más comedida. También recuerdo que pensé que quizá Senegal no tuviera grandes monumentos y seguramente sus paisajes fueran de los más discretos de África, pero en ese momento marginal, todavía sucios por la arcilla del camino, con las primeras estrellas asomando en el cielo, aquel lugar me pareció el más hermoso del planeta.

 

posted by Ainhoa on 5:24 p. m. under

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El credo de Paul Bowles


"El credo de Bowles era sencillo. Creía que el amor era un obsesión anormal. No tuvo amigos de verdad, y cuando los tuvo (como ocurrió con el escritor guatemalteco Rodrigo Rey Rosa) su relación fue la del padre que no quería tener hijos con el hijo que no quería tener padre. Decía que eran mucho más interesantes las historias que podían terminar mal que aquellas que salían bien. Repetía a menudo la misma frase: "Yo no soy nadie". Insistía en que la palabra "cruel" y la palabra "realista" eran sinónimas. El pasado le parecía un paisaje inalterable del que no lamentaba nada. Si alguien mencionaba la palabra "moral", Bowles replicaba: "¿Quién decide qué es moral y qué no lo es?" Cuando alguien le hablaba de Tánger o del resto del mundo , él gruñía con desdén: "Todo empeora". Y estaba convencido de que las dunas del desierto eran el paisaje más hermoso del mundo, tal vez el único bello de verdad."

Eduardo Jordá ( Las fotos de Paul Bowles, incluído en su libro Los lugares que no cambian)

 

posted by Ainhoa on 7:11 p. m. under ,

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Master of Puppets y unas entradas para la ópera




El jueves pasado cumplí treinta y tres años. Yo siempre había creído que moriría joven pero, como dice mi amado con ese humor suyo, eso ya no puede ser.
Pasé el día hablando con mi familia y mis amigos. Por la noche tenía las orejas doloridas y el corazón contento. También me hice con unas cuantas promesas de futuras celebraciones con unos y con otros, porque unos están aquí y otros allí. Y con unas entradas para la ópera Un ballo in Maschera, de Verdi, y el Master of puppets, de Metallica, por cortesía de mi amado, el que me llama vieja con tanta gracia. En conjunto (genial conjunto), uno de los mejores regalos que me han hecho nunca.
Con Metallica me meto hasta en la ducha; para disfrutar de Verdi tendré que esperar hasta octubre. Entonces os contaré.

 

posted by Ainhoa on 9:45 p. m. under ,

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Elephant




Un cielo azul líquido. Las nubes avanzan como si fueran humo. De fondo se oyen las voces de unos chicos haciendo deporte. La noche se precipita y solo nos deja ver la luz de una farola.
Así comienza Elephant, anocheciendo.
El día siguiente será un día otoñal de sol débil, con las hojas de los árboles cubriendo las aceras. Uno más, en apariencia.
John tendrá que lidiar con su padre alcohólico, Elías seguirá haciendo fotografías para completar su portafolio, Nathan se reunirá con su novia después del entrenamiento, Michelle tratará de sobrevivir otra jornada a pesar de sus complejos...
Todo parece tan normal que produce escalofríos. Puede que sea ese instituto, tan silencioso a veces como un templo. Puede que sea porque la cámara nos obliga a perseguir a los personajes por los pasillos, aunque no queramos, de forma hipnótica, sin poder advertirles de lo que va a ocurrir, manteniendo la distancia. La misma distancia que Gus Van Sant mantendrá durante la matanza.
Aquí no hay héroes de última hora ni conatos de discursos grandilocuentes, no hay resoluciones increíbles; por no haber, no hay ni razones de peso evidentes. Tan solo unas cuantas pistas.
El resto es cosa nuestra, pura especulación, exactamente igual que si hubiera ocurrido en los pasillos de nuestro instituto.

 

posted by Ainhoa on 11:30 a. m. under

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Rincones y cosas





 

posted by Ainhoa on 11:13 a. m. under

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Las Negras

Las Negras es un pueblecito costero del Cabo de Gata. De todos los que allí hay no es el más bonito ni el que tiene la mejor playa. De hecho es un pueblo más bien incómodo, denso, con una calle principal en la que se amontonan los coches y que va a dar a una playa de piedras estrecha y algo sucia, y algunos edificios de apartamentos construidos con muy poco gusto, al estilo de los años setenta, aunque dudo mucho que sean tan primitivos.
Pero también hay casas de pescadores, de esas que no se venden, en ningún sentido. Y bares tranquilos. Y barcas de colores desvaídos reposando sobre las piedras. Y unas vistas fastuosas de las montañas que se precipitan al mar.
Las Negras era hasta hace poco una especie de contradicción moderada: el aire hippie del lugar y la especulación inmobiliaria más o menos controlada conviviendo en una armonía aparente.
Y digo era porque ahora ya no sé qué pensar; bueno, sí lo sé, de nada sirve engañarse a una misma. A pesar de que la aparición gradual de algunas casas nuevas encaramadas en la complicada orografía de la zona no podía presagiar nada bueno, nunca pensé que nadie se atreviera a construir con tanto descaro. A pisotear aquel lugar y escupir encima.
Cuando nos topamos con el centro comercial creí que nos habíamos confundido de pueblo. Porque sí, en mitad del pueblo han construido un centro comercial con aspecto de cárcel, incongruente, falso, insultante. Lo más triste de todo es que tiene un aspecto tan desolado que niega cualquier justificación que su presencia pudiera tener en un lugar tan pequeño, constreñido entre las montañas y el mar. Es como una premonición doliente de un futuro polvoriento. Una mole de hormigón en la que la mayoría de los locales están huérfanos (no sé si decir “ya” o “todavía”), en mitad de un pueblo que hasta ahora se las apañaba más o menos bien para conservar la dignidad.
Supongo que para compensar, a modo de propina inconveniente, además han construido una especie de paseo en mitad del pueblo, más allá de una rotonda (nueva también), al lado del centro comercial y lejos del mar, lo que todavía resulta más patético.
El conjunto es tan triste como un desengaño.

 

posted by Ainhoa on 1:18 p. m. under

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El libro de la almohada II

"Cosas que hacen latir deprisa el corazón...
Gorriones que alimentan a sus crías. Pasar por un lugar donde juegan niños. Dormir en una habitación donde se ha quemado incienso. Advertir que un elegante espejo chino está un poco empañado. Ver a un caballero que detiene su carruaje frente a nuestro portón y ordena a sus servidores que lo anuncien. Lavarse el pelo, acicalarse y ponerse ropas perfumadas. Aunque nadie lo vea, sentimos un íntimo placer.
Es de noche y uno espera una visita. De pronto nos sorprende el sonido de las gotas de lluvia que el viento arroja a las persianas."

Esta es la lista número quince en el libro de Sei Shonagon. Hay otras:
cosas y gentes que deprimen, cosas odiosas, cosas que despiertan una querida memoria del pasado, cosas infrecuentes, cosas espléndidas, cosas incómodas, cosas que sorprenden y afligen, cosas que dan sensación de limpio, y de sucio, cosas presuntuosas, cosas desagradables...
No todo son listas, a veces son impresiones u opiniones sobre festivales, la visita de un amante, un atardecer durante el reinado del Emperador Murakami o el biombo corredizo que hay al fondo de la sala. Da igual si el objeto de su escritura es importante o banal, persona o cosa, una costumbre o un hecho repentino, ella los describe con la misma elegancia.
También habla sobre la vida en la corte ( fue dama de la emperatriz Sadako), incluída la de los criados. En estos párrafos se puede apreciar su clasismo con nitidez cuando habla de la falta de decoro, de ingenio e incluso de inteligencia de las clases inferiores. No quiero justificarla, pero no se puede juzgar una obra del siglo X como si estuviera escrita en la actualidad; las circunstancias son totalmente distintas y la mayoría de los argumentos que utiliza para alcanzar semejantes conclusiones hoy provocarían la risa de la mayoría.
Sei Shonagon es irónica, divertida ("Un predicador debe ser bien parecido, porque para entender con propiedad su palabra y sus sentimientos debemos mantener la vista fija en él mientras habla.") , insolente, romántica, sensible ("Durante las largas lluvias del Quinto mes...: De noche, en los verdes espacios de agua solo se ve el pálido fulgor de la luna. En cualquier hora y en cualquier lugar me conmueve la luna."), dulce, implacable ("Cosas sin mérito: una persona fea de mal carácter.").
Puede ser lo que le dé la gana, como tantos otros que escribieron un diario sin la presión de pensar en un hipotético lector, sin imaginar que un día sus palabras serían publicadas.

 

posted by Ainhoa on 12:17 p. m. under ,

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El libro de la almohada, de Sei Shonagon




Hace varias semanas hablé aquí de The pillow book, la película de Peter Greenaway, cuya trama gira en torno a un libro, una especie de diario íntimo (ese es precisamente el título de la película en castellano, El diario íntimo) escrito por Sei Shonagon. Entonces creí que Sei Shonagon era una invención de Greenaway, una especie de excusa argumental, hasta que descubrí que esa autora existió de verdad y que escribió El libro de la almohada alrededor del año 994.
Por supuesto, lo compré.
Sé que no es muy frecuente hablar de un libro antes de haberlo leído, pero en este caso me ha bastado con leer el prólogo, ágil, conciso, bello, de María Kodama para que me apeteciera escribir sobre él.
Kodama tradujo la obra junto a su marido, J.L. Borges. En este prólogo habla de la fascinación que Borges sentía por la literatura japonesa (y por otras dos que, curiosamente, también surgieron en una isla: la inglesa y la islandesa) y de la pena que sentía por tener que acceder a ella a través de traducciones. A pesar de ello, no quiso que nuestro idioma se quedara sin una traducción castellana de esta obra que él tanto admiraba.
El libro de Sei Shonagon, cuenta Kodama, está compuesto por anotaciones diarias, descripciones de la vida en la corte (ella fue dama de la emperatriz Sadako) y listas, hasta ciento sesenta y cuatro listas de aquello que amaba, aquello que odiaba o aquello que, simplemente, llamaba su atención, como insectos o plantas. Escribir este tipo de diarios, de cuadernos de almohada (llamados así por la costumbre japonesa de guardarlos en las almohadas, que solían ser huecas), parece que era un hábito muy extendido en Japón (ignoro si lo sigue siendo).
María Kodama advierte que el libro de Sei Shonagon es estructuralmente complejo, lo que se puede deber a las continuas reorganizaciones que los diferentes estudiosos del mismo han realizado al cabo de los siglos, porque este libro está considerado una obra maestra en Japón y a Sei Shonagon como la representante literaria más destacada del periodo Heian (el que va del año 794 al 1185).
Además del prólogo, apenas he leído dieciocho páginas, pero en ellas se puede percibir esa personalidad aguda, observadora y sensible a la belleza del mundo y el destino de las cosas de la que habla Kodama con admiración.
Os contaré el resto cuando termine de leerlo.

 

posted by Ainhoa on 6:15 p. m. under

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Incubus - I wish you were here

Odio las primeras horas de la tarde. Siempre ha sido así. Sobre todo en verano, cuando el sopor cae sobre mí y me irrita de tal manera que me quita las fuerzas para hacer cualquier cosa; incluso soy incapaz de leer.
Supongo que podría solucionarlo con una siesta, pero es que yo sólo duermo por las noches.
Recuerdo que cuando era niña, antes de ir a la piscina, mi madre nos obligaba, a mi hermano Asier y a mí, a dormir la siesta. Imagino que lo único que quería era descansar de nosotros y de nuestras continuas peleas, pero yo no podía evitar odiarla con todas mis fuerzas. ¿Por qué no entendía que yo no quería dormir, que me aburría? (Por supuesto mi hermano no tardaba ni un minuto en arrancarse a resoplar.)
Recuerdo la sensación de angustia y de soledad en aquellas horas de persianas bajadas porque hoy, que ya vivo en mi propia casa y casi nunca bajo las persianas, la sigo teniendo.
Tendré que resignarme a vivir con ella y tratar de contrarrestar sus efectos con cosas como esta canción de Incubus, por ejemplo, que tiene poderes revitalizantes. Va en serio.

 

posted by Ainhoa on 5:39 p. m.

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Nocturno Hindú, de A. Tabucchi


Nocturno hindú es un libro fragmentado y breve escrito por Antonio Tabucchi en el que se narra el viaje de un escritor en busca de un amigo perdido en la India.
En él, casi siempre es de noche, casi todo se observa desde las habitaciones de los diferentes hoteles en los que el protagonista se alojará a lo largo del camino; esta no es la India colorista de las fotografías, es una India apagada e indescifrable.
Pronto surge la duda: ¿realmente está buscando a su amigo? A ese amigo apenas nos lo presenta, es un esbozo sin rostro que intuimos que ni siquiera quiere ser encontrado, entonces, ¿por qué la molestia? ¿Qué pasó entre ellos y esas dos mujeres que reían sobre una colina mediterránea?
El final es de los que no se olvidan facilmente.

 

posted by Ainhoa on 3:35 p. m. under ,

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Metallica-Fade To Black

El pasado 31 de mayo pude ver a Metallica en concierto. Han pasado varios días, pero todavía tengo la sensación de que algo retumba en mi corazón, en mi estómago, en mi cabeza.
Me habían dicho que Metallica era muy grande en concierto, pero yo no podía imaginar cuánto.
Ahora ya no necesito imaginar nada. Ahora lo sé.

 

posted by Ainhoa on 2:07 p. m.

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La imaginación y la memoria. Los libros.

" A lo largo de la historia el hombre ha soñado y forjado un sinfín de instrumentos. Ha creado la llave, una barrita de metal que permite que alguien penetre en un vasto palacio. Ha creado la espada y el arado, prolongaciones del brazo del hombre que los usa. Ha creado el libro, que es una extensión de su imaginación y de su memoria.

A partir de los Vedas y de las Biblias, hemos acogido la noción de libros sagrados. En cierto modo, todo libro lo es. En las páginas iniciales de El Quijote, Cervantes dejó escrito que solía recoger y leer cualquier pedazo de papel impreso que encontraba en la calle. Cualquier papel que encierra una palabra es el mensaje que un espíritu humano manda a otro espíritu. Ahora, como siempre, el inestable y precioso mundo puede perderse. Sólo pueden salvarlo los libros, que son la mejor memoria de nuestra especie."
Jorge Luis Borges

El pasado martes fui a la Feria del Libro de Madrid. Hacía un calorcito agradable y no había demasiada gente, lo que me puso de buen humor y me animó a no pensar en el dinero que me estaba gastando. Me sentía tan bien, tan afortunada con todos esos libros en mi mochila... El libro de la almohada, de Sei Shonagon; Nocturno hindú, de Antonio Tabucchi; Amrita, de Banana Yoshimoto; Cuadernos de la guerra, de Marguerite Duras; Diarios (1925-1930), de Virginia Woolf; Un soplo de vida, de Clarice Lispector; Sauce Ciego, Mujer Dormida, de Haruki Murakami. ¿Cómo no me voy a sentir afortunada?


 

posted by Ainhoa on 12:38 p. m. under

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Obras, tapones y poesía china


Hoy han empezado las obras en mi edificio. Llevaban amenazando con ello varios meses y, cuando ya casi me había olvidado del tema, ha comenzado el ruido, madrugador y contundente.
Lo primero que he hecho esta mañana es ir a la farmacia y comprar unos tapones para los oídos. Lo segundo, preguntarle a uno de los albañiles cuánto va a durar el infierno. Afortunadamente no va a ser tanto como me temía, apenas semana y media.
Hace unos minutos, con los tapones en los oídos (bendito invento), he terminado de leer un artículo sobre los pasajes líricos de la poesía china en los que se utilizan lo que se llaman palabras vacías. Con ellas se pretende que el ch`i (aliento o espíritu) circule por el poema, que le permita respirar. El vacío es el eje en torno al que se contruye el poema, el que define la relación entre las palabras. Supongo que tendría que leer alguno de estos poemas para llegar al meollo de la idea, pero como tal, como idea, ahora que voy a pasar unos días de nervios acumulados en el estómago por el molesto ruido de un taladro gigante, no puede dejar de parecerme sugerente. Pienso en ese vacío acariciando los contornos de las palabras como el aire acaricia las copas de los árboles e imagino paisajes lejanos; algunos los he visitado, otros sólo existen y existirán, lo sé, en mi imaginación, en una imaginación que ahora anda apretujada, que parece más densa, por la presión de unos tapones de espuma blanda.

 

posted by Ainhoa on 2:05 p. m. under ,

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Cerca del corazón salvaje, de Clarice Lispector

Clarice Lispector

"Gastó muchos años de su existencia en la ventana, mirando las cosas que pasaban y las que estaban paradas. Pero la verdad era que oía más que veía la vida dentro de sí. La fascinaba su ruido, como el de la respiración de una tierna criatura; su dulce brillo, como el de una planta recién nacida. Todavía no se había cansado de existir y se bastaba tanto a sí misma que a veces tal era su felicidad que sentía que la tristeza la cubría como la sombra de un manto, dejándola fresca y silenciosa como un atardecer. Ella era en sí en propio fin."

Clarice Lispector (1920-1977) fue una escritora de sensaciones, difícil de clasificar en un mundo ávido de etiquetas.
Enfrentarse a su narrativa es como enfrentarse a una sinfonía de Mahler, requiere paciencia y una cierta valentía, pero ¿qué es eso en comparación con lo que al final uno recibe?

 

posted by Ainhoa on 1:13 p. m. under

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Sábado por la tarde

La lluvia cae, intensa, como si fuera eterna.
Un estallido. Después, confusión.
Una colisión en el cruce que veo desde mi ventana.
Contemplo idiotizada cómo un coche negro sale volando hacia atrás, literalmente, como en una película de acción. Pero es grande y fuerte. Creo que no ha sufrido demasiado. El otro, el verde, permanece en el centro del cruce, desolado, hecho añicos.
Los ocupantes parecen estar bien. Están asustados.
El de la sudadera amarilla me recuerda a mi hermano.
La lluvia sigue cayendo, intensa, como si fuera eterna.
En mi salón suena Dosed. ¿Cómo pudieron destrozar una canción tan hermosa con ese estribillo tan agudo, tan simplón? ¿En qué estaban pensando?
Quiero caminar bajo la lluvia, pero tengo frío y me puede la pereza. Seguiré contemplando cómo cae desde mi ventana, ahora que la grúa se ha llevado el coche verde. Verde y vencido.

 

posted by Ainhoa on 4:54 p. m. under

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